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Advertencias y sugerencias de Jorge Arrate y Carlos Ruiz ante las intenciones de "unidad" opositora

El excandidato presidencial y el ideólogo del Frente Amplio sostienen que las claves están en "recoger el sentido enriquecedor que a veces tienen las diferencias" y que a la posibilidad de actuar en conjunto la preceda la discusión sobre "la dimensión de proyecto y no solamente un acuerdo de burocracias que están buscando sencillamente reproducirse de manera cerrada".


Al alero de la Fundación NodoXXI, el excandidato presidencial Jorge Arrate y el sociólogo e ideólogo del Frente Amplio, Carlos Ruiz, están a punto de lanzar un libro conjunto: “Génesis y Ascenso del Socialismo Chileno”.


Usando como excusa al texto –que selecciona documentos que construyeron el pensamiento hasta 1973 del “singular” ideario del socialismo chileno-, La Tercera PM conversó con ellos para analizar el escenario actual de la oposición y el futuro inmediato del sector, justo cuando se instala el debate sobre las reales opciones, o no, de “unidad” en la centroizquierda de cara a los próximos desafíos electorales y políticos.


¿Cómo ven la posible unidad del amplio y heterogéneo arco de la centroizquierda?


CR: El libro no es un producto para nostálgicos, es un trabajo hecho para el presente. Y no se entiende solamente el problema de las alianzas políticas como un problema de articulación corporativa de burocracia. Entonces, esto no se puede volver sencillamente en una sumatoria de díscolos, sino que hay una dimensión de proyecto que precede la formación de alianzas.


JA: No creo que haya nada en la historia del socialismo que puede repetirse hoy día, pero lo que hay son ciertas constantes, por ejemplo, el recoger el sentido enriquecedor que a veces tienen las diferencias más allá de que, como tal, representan dificultades; la forma de cómo enfrentarlas para tratar de sintetizarlas y para actuar en conjunto; y creo que esos desafíos los tiene hoy día la centroizquierda para el plebiscito y la izquierda para reformular un proyecto que no tiene.


¿Pero los partidos que conforman esta centroizquierda se pueden unir en un ideario común, un programa?


CR: Espero que sí, que se pueda producir esa articulación, quiero ser optimista. Creo que las posibilidades de poder hacer estos procesos reales son no escabullir las diferencias, legitimar las posibilidades de tenerlas y construir formas de procesamiento de esas diferencias de manera que conduzcan un proyecto y no sumergirlas debajo de arreglos burocráticos, porque esos arreglos estallan a la vuelta de la esquina. Me parece que tenemos el deber de parar ya de una vez por todas estos experimentos de derecha que tanto daño han causado, con experimentos burocráticos no los vamos a hacer. Hoy estamos en una situación en que hay un abismo tremendo entre política y sociedad, de alguna manera el estallido fue el desborde de esa política ensimismada, encerrada. La forma incluso de imponer una salida necesaria a una revisión constitucional se hace un parlamento prácticamente sitiado por este estallido que es complejo, que es heterogéneo. Esa pluralidad de fuerzas, puede concretarse si lleva a una discusión franca, abierta, legítima, respetuosa.


JA: Carlos habla en su libro del octubre chileno de la emergencia de un nuevo pueblo, y creo que así como ha emergido un nuevo pueblo tendría que emerger una nueva organización socialista, ocupo organización por qué no sé cómo debiera ser hoy un partido de izquierda. Pero si hay un nuevo pueblo requiere una nueva conducción y esa nueva conducción requiere un nuevo proyecto socialista.


¿Ponen en duda que los partidos puedan liderar este “nuevo pueblo”? Finalmente lo que busca una colectividad es llegar al poder, gobernar, liderar...


JA: Cómo debe ser esa nueva organización, esa es mi pregunta, porque debe cumplir ciertas condiciones: muy participativa, que recoja estas diferencias y las aglutine. Segundo, tiene que ser una organización con mucha libertad para cada uno de sus miembros, para poder expresarse y tiene que tener una relación con las organizaciones sociales y movimientos sociales, eso lo tuvo la vieja izquierda y el viejo Partido Socialista, eso hoy día se ha perdido. Yo no sé cómo debe ser hoy un partido de los trabajadores.


¿Qué les parece una figura como Daniel Jadue? ¿Podría liderar al sector?


CR: El reconocimiento que se ha ganado Daniel Jadue es merecido y tiene que ver justamente con que han acercado las instituciones estatales a la gente. Eran instancias muy divorciadas de la sociedad. Si eso da o no para un consenso en el tipo de articulación de fuerzas que se busca, es una cuestión que yo no tengo en este rato como aseverar. Me gustaría que lo que preceda a esa discusión sea la dimensión de proyecto y no solamente un acuerdo de burocracias que están buscando sencillamente reproducirse de manera cerrada.


¿Cómo se hace eso?


CR: Por ejemplo, hoy no hay ninguna posibilidad de volver a esa vieja política de los acuerdos. Algunas figuras circunstanciales que aparecieron como “aliados” en la derecha como Mario Desbordes fueron reorganizados bajo una perspectiva de control en el gobierno, clausurando cualquier tipo de nostalgia de esa política de los acuerdos. La experiencia de Jadue abre algunas puertas y ojalá en la medida que se junte con otras pueda conducir a la elaboración de un proyecto. Este nuevo malestar del estallido social básicamente fue sin banderas de partidos, fue sin oradores y fue también sin la representación de los viejos gremios, porque empieza a levantar nuevas formas de sociabilidad que tienen que ser incorporadas en la forma que se reorganice lo político, ese es un dilema del cual la izquierda no puede escapar. Lo peor que puede hacer la izquierda con los 50 años de la Unidad Popular o lo que fueron sus idearios es tomarlos acomodándose sencillamente a hacer calco y copia con esas situaciones, sino lo que tiene que rescatar más bien es la voluntad tan vivida que hay de esa urgencia que tienen por apropiarse de su presente.


¿Cómo se resuelve la encrucijada del Frente Amplio de decidir ser gobierno y para eso lograr alianzas y a la vez intentar romper para cambiar el sistema neoliberal que es su objetivo?


JA: Es una generación de jóvenes extraordinaria, muy valiosa, que espero que la democracia chilena y el socialismo chileno puedan capitalizar.


CR: Tengo la impresión de que está bastante asumida dentro del Frente Amplio la vocación y disposición a alianzas en este momento. Hay una conciencia bastante instalada de que hay que producir una mayoría electoral que sea capaz de terminar con estos proyectos de gobierno de derecha. El problema siempre en política es sumar y no ser sumados, entonces me parece que la vocación de transformación con la cual nació el Frente Amplio los sigue interpelando para ser capaz de impactar sobre el proceso político en general. Entonces tiene que ser capaz de trasladar esos dilemas a los procesos de las alianzas y construir sus anclajes sobre todo en las nuevas fracciones sociales que son producto de esta transformación tan gigante. Diría que en este momento el primer horizonte que tenemos es el del 25 de octubre, es asegurar el plebiscito, asegurar la participación, discutir con muchos grupos que todavía creen que no están todas las garantías dadas o que tienen ciertas desconfianzas. Los propios resultados del 25 de octubre van a impactar en el propio terreno de las alianzas y de las formas en que se configuren.


¿Ustedes sienten que en el escenario actual existe la posibilidad de una ruptura de la democracia?


JA: Lo que enfrentamos hoy día es posiblemente una ruptura de la semidemocracia, de la democracia limitada, que surgió de la transición y que nunca logró el objetivo que se propuso a su inicio, que era una plenitud de la democracia. Este ciclo largo y casi interminable de la transición con sus instituciones muchas de ellas amañadas como fue el caso de los senadores designados, el cuoteo binominal de distintas instituciones, si eso está por romperse, en buena hora. Espero que se termine y que lo que venga sea una democracia mucho más plena y participativa que crezca al impulso de lo que son las demandas de la ciudadanía. Entonces, esta figura de que están en riesgo las instituciones de la democracia… lo que está en riesgo es la semidemocracia fosilizada que existió en Chile y que quiere seguir manteniendo la derecha que está por el rechazo. El 18 de octubre lo que hizo fue poner al día la lucha popular y produce temores en quienes no quieren una democracia más profunda. Aquí lo que hay es el término de un ciclo.


¿El socialismo está preparado para gobernar hoy?


JA: Si usted se refiere al Partido Socialista actual yo creo que no. El socialismo es otra cosa que el PS, yo participo de un grupo que se llama plataforma socialista, donde hay socialistas que están y no en el partido. Y ahí hay potencial de reflexión y eventualmente de acción en una dirección distinta de la que tienen hoy día el PS, que perdió radicalmente su vinculación con la sociedad en un proceso de burocratización y yo creo que reacomodo. Enfrentamos un oportunidad histórica de refundación de una fuerza socialista para este tiempo y lo vuelvo a repetir con mucha humildad y modestia y no sé bien cómo tiene que ser.


¿La actual oposición tiene las herramientas para gobernar este Chile?


CR: No tengo ninguna gana de defender a este gobierno, pero ojo, no es solamente este gobierno el que no tiene un 20% de aprobación, el gobierno anterior tampoco salió con un poco más de un cuarto de la aprobación electoral. Hace mucho tiempo que no tenemos mayorías políticas significativas, este es un sistema político que se viene deteriorando porque esta seudodemocracia ha ido perdiendo legitimidad. De esto no se salva nadie ni las derechas, ni los centros, ni las izquierdas.


Con todo, ¿son optimistas o pesimistas de lo que viene para Chile?


JA: Soy optimista, se comienzan a dar las condiciones para una reemergencia muy potente de una nueva fuerza socialista que esté inspirada en la historia del socialismo en Chile. Hay una reivindicación de igualdad, de justicia social, de libertad, de mirada del mundo que es preciso reivindicar y encarnar nuevamente en la ciudadanía y en los sectores populares, en los trabajadores manuales e intelectuales que son la mayoría en Chile. Esa es la gran inspiración que nos deja como legado el socialismo chileno y ansío que las jóvenes generaciones la puedan recoger y reformular según su propia visión de mundo correspondiente a este Chile.


CR: Esa ausencia de temor a la heterogeneidad, que es muy propia de este mapa que tenemos hoy en Chile, para reanclar la construcción de proyectos y no taparlo burocráticamente, abrirle espacio de expresión, a eso debemos apuntar como la única forma en la cual construir un proyecto real. Lo contrario es escabullir la demanda que te plantea esa complejidad de las condiciones. Si el proceso de construcción de alianzas políticas en este momento va de la mano de la construcción de proyectos de transformación, que va a ser gradual, que va a ser complejo, pero que de alguna manera demanda un gran esfuerzo de apropiación de estas nuevas condiciones, ahí sí hay una gran tradición socialista que recuperar.

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