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Carta de renuncia al PS de Emilio Jiménez socialista magallánico

El reciente primero de mayo, coincidiendo con el día más relevante para la clase trabajadora mundial, me desafilié del Partido Socialista de Chile, organización partidaria en la que opté por militar en la causa popular durante la dictadura, atendida su historia, su manifiesta identificación como partido de los trabajadores manuales e intelectuales y con su emancipación clasista mediante un proceso revolucionario anticapitalista, que entendía la diferencia entre la convivencia y conciliación de la clase trabajadora y la burguesa, para definir su programa, estrategia y carácter de organización.

Milito como socialista en una excentricidad de la organización, el Núcleo Salvador Allende Gossens de Punta Arenas, una agrupación de afiliadas y afilados al PS de Chile que realiza acciones colectivas bajo la identificación partidaria, principalmente destinadas a conocer y exponer su historia y las propuestas que debieran ser parte del programa del PS. y también de participación en las movilizaciones populares que se producen en la comuna de Punta Arenas. La crisis sanitaria dificultó la acción colectiva del núcleo, teniéndose que limitar a la página web, de Facebook y al programa radial “Un Rojo Amanecer”, que se ha posicionado como una tribuna para dirigentes sociales y políticos del movimiento popular.


Esta anomalía de la organización resiste en el proceso de desestructuración orgánica del PS, que ha sido intencionado desde los controladores de sus direcciones nacionales y regionales y que ha convertido al PS en un nómina cada vez más reducida de afiliadas y afiliados, concurrentes cada cierto tiempo a elegir direcciones, cuya mayoría de sus dirigentes se desentienden de su obligación de conducción y de representación, incentivando la desvinculación entre el quehacer partidario y el movimiento social, la despolitización de sus inscritas e inscritos, manteniéndolas/os carentes de formación, participación e información metódica y regular, promoviendo la identificación por lo simbólico y afectivo, sin capacidad de acción colectiva, reflexión y crítica política.


Consecuentemente, el poder partidario se ha concentrado en una élite privilegiada, organizada en cofradías que disputan los espacios de representación ciudadana y burocráticos que se logran con la influencia electoral y con los recursos financieros que provee el Estado. La adscripción de una afiliada o afiliado a alguna cofradía otorga derechos especiales; mientras más alto se esté en su cúpula, se tiene más opciones de conseguir una representación ciudadana o un cargo burocrático y de mantener un apoyo clientelar para conservar las posiciones de poder. En Chile, el PS ha dejado atrás la concepción de partido político con programa, estructura organizativa para la acción política, con vínculo en el movimiento popular, para devenir en una empresa con casa matriz en Santiago, de estructura gerencial, cuyo objeto principal es la colocación de sus controladores o seguidores en funciones que reporten poder político, con su propio programa individual, ajenos a todo control partidario.


En lo ideológico y político esta élite ha logrado que el PS pierda continuidad con aspectos centrales de su programa político histórico que le dio el perfil distintivo entre las fuerzas de izquierda, su latino americanismo y su independencia respecto de las internacionales de trabajadores radicadas en Europa. En paralelo, ha limado su postura antimperialista (salvo en la letra de su himno), haciendo causa común con el maniqueísmo impulsado por la élite empresarial mundial, que separa a demócratas y dictadores, terroristas y antiterroristas, modernistas y conservadores, integristas y moderados, según le convenga para el control de los recursos naturales, de los mercados y de los medios de comunicación. La adscripción a la internacional socialista en tiempos de su involución hacia posiciones conservadoras y de alianza con el gran empresariado europeo, importó a la socialdemocracia americana la cultura de corrupción en que cayeron los partidos europeos de esa organización y la práctica de la connivencia con la élite empresarial, sobre todo en el uso de los recursos públicos y la mantención de privilegios.


El traspaso en dos ocasiones de la primera magistratura de la presidenta Bachelet a Piñera, reveló que la desconexión de políticas gubernativas con los requerimientos del movimiento popular es un factor de debilidad para impulsar una estrategia de cambios sustanciales en el país, los que se han posibilitado, a contrapelo de la estrategia de la dirigencia socialista, mediante una revuelta popular que abrió paso a la reconfiguración de la República con una Nueva Constitución. En este proceso constituyente, no obstante la falta de discusión y definición partidaria respecto de la Nueva Constitución del PS, su estrategia electoral posibilitó la elección de convencionales afiliados al partido, las/os que tuvieron la oportunidad de conocerse y coordinarse en un colectivo que determinó una definición constitucional discutida en su seno, supliendo la carencia de una que involucrara a la organización partidaria, terminándose de afectar con las presiones que la dirigencia del PS le realizara.


La práctica reiterada de separar y anticipar la elección de directivas al proceso congresal ocurrida este año terminó por mantener en el poder a quienes han dirigido al partido sin sujetarse a las definiciones adoptadas en sus congresos, en particular las que han intentado mantenerlo como una fuerza anticapitalista, alternativa al dominio del neoliberalismo en lo económico, político y cultural, comprometida con las demandas de los movimientos sociales. Esta continuidad, seguirá reduciendo la nómina de afiliados y la participación en procesos internos, fortalecerá el carácter gerencial de su administración, que privilegia al rédito financiero sobre la ´presencia y acción política basada en una estructura orgánica y mantendrá al PS abierto al oportunismo de quienes buscan alero para sus proyectos personales de escalamiento político, profitando de sus símbolos, adherentes e historia como partido popular.


En el mar del socialismo chileno, y que es más que el PS inscrito en el SERVEL, en que perviven también diversas formas de agrupación de personas que se desafiliaron, hay un potencial grande para recomponer una organización que unifique a quienes quieren darle otro rumbo al Partido de Salvador Allende, definido en el necesario proceso de encuentro que se dará en el trabajo por aprobar la Nueva Constitución y lograr la concreción del programa de gobierno del presidente Gabriel Boric, enfrentando al conservadurismo expresado en quienes bregan por que se mantenga la constitución de la dictadura militar de la élite empresarial y apuestan al fracaso del gobierno en que participan socialistas de distintos ámbitos. Mis deseos de éxito a quienes emprendan esta tarea crucial para un proyecto socialista en Chile.

Emilio Jiménez Yutronich

Punta Arenas, 13 de junio de 2022

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