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Columna de Álvaro Ramis: El que no decide, pierde

"Durante febrero todos los actores de la política nacional deberán enfrentar los plazos inexorables de los ciclos electorales, que nunca perdonan y cuyas fechas se vienen encima. Incluso si la elección presidencial parece lejana, la verdad es que una campaña de esa envergadura exige definiciones muy anticipadas, que abarcan desde aspectos logísticos y financieros hasta los plazos para generar sistemas de primarias o validación interna de las candidaturas", escribe el rector de la Academia de Humanismo Cristiano.




Decidir a tiempo. Decidir acertando. Decidir correctamente en la forma y en el fondo. El éxito o el fracaso en política se juegan en la resolución de estos dilemas. Quienes toman decisiones a destiempo, de forma apresurada o retrasada, sin involucrar a los actores clave y sin ponderar los riesgos de triunfar o perder, incrementan enormemente sus posibilidades de fracaso.


Durante febrero todos los actores de la política nacional deberán enfrentar los plazos inexorables de los ciclos electorales, que nunca perdonan y cuyas fechas se vienen encima. Incluso si la elección presidencial parece lejana, la verdad es que una campaña de esa envergadura exige definiciones muy anticipadas, que abarcan desde aspectos logísticos y financieros hasta los plazos para generar sistemas de primarias o validación interna de las candidaturas.


Hagamos un repaso de estas definiciones, desde lo general a lo particular. En materia presidencial, Michelle Bachelet quizás deberá escoger entre competir por su tercer mandato o explorar la secretaría general de Naciones Unidas, donde ya ha labrado una carrera de varios años al frente de ONU Mujeres. Todas las señales que la expresidenta y su entorno han expresado se orientan a esta segunda posibilidad, pero una sorpresa nunca se puede descartar, especialmente si la necesidad lo ameritara.


En Chile Vamos la definición clave es de Evelyn Matthei, ya que como alcaldesa debe considerar su reelección en Providencia, alternativa que no pareciera implicar grandes riesgos electorales inmediatos, pero que puede hacer ruido si necesita orientar su agenda a la construcción de una candidatura presidencial competitiva. En ese plano ser alcaldesa en ejercicio puede ser un elemento que no contribuya a esa meta, en tiempos en los que los municipios de su sector sólo aportan noticias ligadas a escándalos y corrupción.


Quién ya ha anunciado clara y rotundamente su voluntad de competir por la presidencia en 2025 es José Antonio Kast. Su problema está en los competidores que han emergido dentro de su propio sector político, como Rojo Edwards, Johannes Kaiser e Iván Poduje, quienes seguramente están en la fase de la evaluación de sus oportunidades y más de alguno le saldrá al camino de manera agresiva, tal como lo vimos en el último plebiscito constitucional.


Para el Partido Comunista la figura de la ministra Camila Vallejo es un liderazgo altamente visible y con capacidad de aglutinar y expandir su caudal histórico de votos, lo que fortalece su peso político específico en las negociaciones con el resto de los partidos del oficialismo. Su problema está en administrar inteligentemente su nombre sin que eso dañe al gobierno, y a la propia ministra, dado el estratégico papel de vocera que actualmente ejerce. El precario equilibrio entre el rol de una ministra sobre expuesta y el de una candidata presidencial en ciernes tiene alta complejidad.


Una situación similar viven los partidos del Socialismo Democrático. La carta de la ministra Carolina Tohá, que parecía fuerte al iniciar su gestión en Interior, ya aparece afectada por el desgaste natural propio de su compleja cartera. En paralelo ha comenzado a sonar el nombre del ministro Mario Marcel, impulsado por cifras macro, de inflación y crecimiento, que visten su prestigio. El ministro ha sido extremadamente cauteloso para no contaminar con este ruido electoral su delicado trabajo, tensionado por la negociación de la reforma tributaria, objetivo prioritario del gobierno, lo que se podría ver dañado si se asocia su tramitación parlamentaria con su eventual aspiración presidencial. 


Para el Frente Amplio el problema es mayor. En este momento no aparece un liderazgo claro en su sector, y su desgaste de “marca”, a nivel de sus partidos y de la coalición, no augura una administración tranquila de las decisiones que vienen. El proyecto del partido único tampoco avanzó al ritmo esperado, y la elección municipal representa un desafío mayúsculo que no redundará en crecimiento, ya que es muy improbable que puedan estar medianamente cerca del éxito que tuvieron en las municipales de 2021. Ello no niega que el principal atributo del FA esté hoy en la figura misma del presidente Gabriel Boric, lo que les da opciones para pensar estratégicamente su desarrollo político a largo plazo, más allá de una mala coyuntura actual.


Hoy la política no se reduce a los grandes partidos y sus coaliciones. Al contrario, los independientes y las pequeñas formaciones han adquirido un rol desequilibrante en medio de la actual fragmentación parlamentaria. En este campo se evidencia una disociación total entre Franco Parisi y el PdG, y se evidencian muchas dificultades para que desde este campo fragmentado emerja un outsider potente, que baraje de una manera imprevista el panorama electoral. Ello no quiere decir que dentro o fuera de estas pequeñas organizaciones políticas emergentes pueda despuntar todavía un liderazgo inesperado, que adquiera la potencia necesaria para disputar competitivamente a escala nacional.


En el plano de la elección de gobernadores las decisiones también están a la orden del día, ya que el plazo es más que inminente. Claudio Orrego en la RM deberá definir si concurre como independiente o regresa a la DC. Ambas opciones tienen riesgos, costos y beneficios para sus pretensiones, pues obligatoriamente deberá lograr algún grado de entendimiento con el oficialismo. En regiones el panorama es desolador. Un número considerable de gobernadores está marcado negativamente por el caso convenios y su elegibilidad está en duda. Esto dispara las posibilidades de un relevo dentro de sus propias filas, y obviamente da nuevo aire a las opciones de elegibilidad de sus opositores.


Este tipo de tensiones se replican a nivel municipal. Alcaldes y concejales están sometidos a su propia escala a la misma dinámica. En el oficialismo se decretó la vigencia del principio “el que tiene, mantiene”, lo que en teoría debería despejar la continuidad de los alcaldes que están en condiciones de ir a reelección y abre la posibilidad de primarias en las comunas en donde gobierna la oposición. Sin embargo, no es mecánica la aplicación de esta decisión y es posible que se generen conflictos y que no se imponga esta definición general de manera mecánica.


En Chile Vamos el problema municipal radica en la lluvia de malas noticias que han recibido desde sus principales figuras, en Vitacura, las Condes, Lo Barnechea, Maipú, y una larga lista de escándalos similares. Evadir este asunto puede darle alas al Partido Republicano, que puede canalizar prioritariamente el malestar de ese electorado, alterando la actual correlación de fuerzas entre estas dos almas de la derecha chilena.


A la hora de decidir no opera solamente el interés racional. Las investigaciones en neurociencia han mostrado el papel clave que desempeñan las emociones en la toma de decisiones. Los políticos también eligen a partir del estrés, el miedo o el dolor, factores que alteran la manera en que interpretan la información que requieren para decidir de manera lógica y estructurada. Por eso, lo que en este momento se está decidiendo tiene un alto grado de incertidumbre y es probable que el proceso de gobernanza del país seguirá sometido a las vicisitudes de los egos, autocomplacencias y vanidades de muchas de nuestras figuras políticas.

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