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Columna de José Miguel Ahumada: Cumbre Celac-UE, hacia una reindustrialización conjunta

El próximo 17 y 18 de julio tendrá lugar en Bruselas la cumbre entre la CELAC y la UE, donde se busca “relanzar” las relaciones entre ambas regiones. Esta cumbre viene justo luego de la reciente gira de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, donde se reunió con los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile y México. Ambos eventos no están desconectados, y responden a la creciente necesidad de la UE de fortalecer sus lazos con la región, intentar cerrar sus acuerdos comerciales con México y Mercosur y asegurar cadenas de suministros de materias primas y minerales críticos, bases para su interés en re-industrializar su matriz productiva y reducir su dependencia energética.


Este renovado interés de la UE hacia la región es parte de una geopolítica más compleja. La guerra entre Rusia y Ucrania hizo explícita la frágil situación de la UE en materia energética. A su vez, la competencia internacional por el control de las cadenas de valor en torno a la electromovilidad, junto al giro verde en los procesos productivos, ha forzado a EEUU a desplegar una radical estrategia de industrialización nacional, que le haga frente a la propia industrialización guiada por el Estado de China. Esta competencia ha dejado a la UE ante la necesidad de acelerar sus políticas productivas, y no quedar atrás en la disputa por la hegemonía industrial.


En esta nueva competencia entre las economías centrales en torno a la electromovilidad y el giro verde, América Latina parece volver a entrar, cual siglo XIX, en una “lotería de las materias primas”. El litio y el hidrógeno verde, por ejemplo, devienen en pilares claves para las estrategias de crecimiento industrial de EEUU, Japón, UE y China. En efecto, buscar asegurar la provisión permanente de estos minerales, junto con establecer contratos de inversión de largo plazo, han pasado a ser parte clave de las agendas de dichas economías con nuestra región.


Países como México, Chile, Perú, Bolivia, Argentina y Brasil están, qué duda cabe, recibiendo ingentes ofertas de inversión y propuestas de acuerdos en las áreas de recursos naturales y minerales críticos. Estas propuestas permitirán, en principio, aumentar la acumulación de capital en estos países, lo que dado el contexto internacional, es una buena noticia y, seguramente, muchos ministros de Hacienda estarán ansiosos de firmar estos acuerdos y comprometerse, por ejemplo, con firmar memorándum de entendimiento en energía lo más rápido posible.


Pero ahí yace precisamente el problema. No se puede desaprovechar como región esta coyuntura. La región no puede adoptar la vieja táctica liberal de solo recibir pasivamente inversiones extranjeras como si estas, por arte de magia (o por una decimonónica “mano invisible”), espontáneamente generaran saltos productivos en los territorios en que se asientan. Por el contrario, tenemos hoy la coyuntura precisa para elaborar coordinadamente una estrategia de industrialización verde a partir de dichos minerales críticos.


Y es que, tal como EEUU y la UE comienzan a preocuparse por su re-industrialización, nuestra región debe poner su industrialización en el centro de la discusión.

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