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Discurso inaugural compañero Jorge Arrate. Primera Convención de Plataforma Socialista.

Actualizado: 27 abr


Compañeras y compañeros:

Para caracterizar la idea de un partido o movimiento político se recurre a menudo a la figura del triángulo, o a la de una línea horizontal de infinitos puntos, o a la de una red de muchos nudos relacionados entre sí. Plataforma Socialista, pienso, es mejor representada como un árbol. En estos dos años de existencia ha tendido a configurarse de ese modo. Un árbol permite encaramarse a su ápice para mirar el horizonte, esa lejana visión ---siempre inalcanzable--- sin la cual la política se convierte en un decadente ejercicio de poderes que solo expresan intereses menguados. Pero el árbol no es solo atalaya, también es un cuerpo con raíces, tronco, ramas que se entrecruzan y confunden, y flores y frutos.


La semilla de Plataforma Socialista es, como el nombre lo explicita, la extensa historia de lucha por el socialismo que compartimos con la izquierda universal, en especial la latinoamericana, y sus diversas vertientes. Las raíces propias son las que han alimentado por más de un siglo y medio la idea socialista chilena, de rasgos originales y definición autónoma. La que emergió en la Sociedad de la Igualdad de Bilbao y Arcos en 1850, la que dio nacimiento a fines de esa centuria a las primeras organizaciones que se definían socialistas y al primer “Partido Socialista”, de efímera existencia. Esa que floreció en el norte con la lucha ejemplar de Recabarren y el Partido Obrero Socialista; la que en Santiago, Valparaíso y otros centros urbanos se encarnó en la acción de mancomunales, sindicatos y sociedades de resistencia de impronta anarquista, y en la refriega social en Punta Arenas, Puerto Natales y Puerto Bories y luego en el Partido Socialista de Magallanes fundado en 1932, cuando en Santiago se proclamaba la República Socialista al impulso de Grove, Eugenio Matte, Eugenio González y otros compañeros, y al año siguiente nacía el Partido Socialista. El socialismo chileno vibró con todos los matices de su diapasón en el batallar incesante de Allende y en la acumulación social y política que se conoció como “movimiento popular” y su estrategia de lucha democrática de masas. Por eso el “socialismo chileno”, nuestro tronco, no es un partido o un momento de esa historia, es una avalancha de ideas y de pueblo, es la emergencia del protagonismo de la multitud, son los trabajadores manuales e intelectuales, es rebeldía anticapitalista y antiburocrática, esperanza resistente e inagotable.


En los últimos decenios, nuevos brotes han surgido desde esas y otras raíces con fuerza notable y han hecho aportes decisivos. Un potente y extenso movimiento de mujeres, uno de los protagonistas de la revuelta popular de octubre de 2019, ha renovado las banderas del feminismo al proponer con amplio eco un análisis revolucionario de nuestra sociedad y nos desafía a fundir sus perspectivas con el análisis clasista del socialismo histórico. Por su parte el ecologismo nos enfrenta a configuraciones antes no consideradas y a retos impensados sobre la relación de hombres y mujeres con la naturaleza y el destino de nuestra propia especie. Valoramos a las nuevas fuerzas conformadas en el siglo XXI y aspiramos a lograr convergencias para, entre todos los actores, cumplir con nuestros objetivos políticos fundamentales: conformar una fuerza socialista poderosa y reconstruir una izquierda capaz de sostener el camino transformador que se ha abierto en nuestro país.

Participantes, procedentes de Chile y el extranjero, presenciales -y otros/as online-, en la Primera Convención de PFS: “Ideas y Propuestas Socialistas para un Nuevo Chile”.

En efecto, Plataforma busca recuperar todo lo valioso de la herencia recibida para aportarlo a la consolidación de una fuerza social y política socialista que se reconozca próxima al legado que denominamos “allendismo” y también que haga suyas las nuevas perspectivas teóricas y políticas que se han manifestado con vigor en esta centuria.

Hemos crecido y hemos podido constituir un “espacio” que no es un partido pero que denominaría un “espacio/fuerza”, porque en él se debate, se acuerda y se actúa. Así, en su breve existencia, Plataforma Socialista se ha establecido en más de la mitad de las regiones del país, ha generado una decena de grupos de trabajo y propiciado numerosos foros y paneles y un concurso literario que permanece en el tiempo, y ha realizado tareas de campaña para la elección de convencionales, parlamentarios y Presidente, con trabajo de finanzas, puerta a puerta, convocatoria a apoderados de mesa, volanteos, actividad en las redes sociales con gráfica y con opiniones, y también en radios y otros medios de comunicación.


El desarrollo de Plataforma depende de nosotros. Este encuentro podrá afinar una coordinación y dirección más ágil y eficaz, establecer normas más rigurosas para nuestro financiamiento y programar las acciones para enfrentar los ---literalmente--- cruciales desafíos de los próximos meses.


Más de una vez nos hemos preguntado si Plataforma será o no un “partido”, en el sentido clásico o legal. Un “espacio/fuerza” no requiere necesariamente ser partido, pero podría serlo. La pregunta que cabe es si acaso, para disponer de los instrumentos legales que posee un partido, deberemos dejar de parecernos a un árbol. O, para decirlo mejor: si podremos o no construir la fuerza política que nosotros consideremos apropiada para el tiempo que vivimos y sus exigencias. El tema podrá ser parte del debate de hoy y lo será del tiempo que viene.


Intencionadamente he comenzado con una mirada a nosotros mismos y a nuestra breve y a la vez larga historia, nada más para subrayar y volver a subrayar aquello que algunos olvidan con resultados que entristecen: no hay política de izquierda que tenga sentido sin un horizonte. De los que no lo conciben o perciben o cultivan uno borroso, siento que nos separa, no tanto lo que dicen que piensan sino la forma como hacen, como actúan. La acción política requiere integridad, que quiere decir entereza, lealtad, rectitud. Quisiéramos que la integridad fuese siempre una característica de Plataforma.


En fin, el horizonte socialista enmarca y define nuestra pertenencia a la izquierda chilena. Por eso somos hoy parte de Apruebo Dignidad, que nos ha acogido fraternalmente.


Compañeres:

Vivimos un tiempo desafiante que permite el despliegue de esperanzas y convicciones largamente cultivadas. El año en curso deberá ser un hito histórico en la vida de nuestro Chile: no sólo se ha establecido un gobierno al que apoyamos con lealtad, aunque sin renunciar a nuestra capacidad crítica, sino que en septiembre próximo habremos de tener la primera Constitución de nuestra historia originada en la voluntad democrática del pueblo, nacida del vigor de la revuelta de 2019.

Nunca dudamos que este objetivo encontraría en el egoísmo y extremismo de la derecha chilena sus adversarios principales. En efecto, vivimos día a día una ofensiva cuyo fin es poner en cuestión la Convención Constitucional y el plebiscito de salida, eventualmente trabar su realización y, si se realiza, buscar la derrota del Apruebo. Y, al mismo tiempo, debilitar nuestro gobierno, cuya proyección histórica está indisolublemente vinculada al éxito de la Convención ---y viceversa--- y a la victoria plebiscitaria. No hay que perder la brújula: guste o no, en dos campos de batalla se desarrolla una misma contienda política.


La campaña a la que la derecha ha vaciado su gran poder mediático está preparada con minuciosidad y cuenta con recursos ilimitados. Se caracteriza por la deformación de los hechos o lisa y llanamente por la mentira descarada. Su alimento vital es el odioso desprecio que la derecha siente por las clases populares y por los pueblos originarios. A la derecha no le gusta la Convención por quienes son sus miembros, en su mayoría de provincias, muchos de ellos ex estudiantes en el sistema de liceos públicos y en universidades del ámbito regional; no le gusta porque los convencionales representan a los chilenos y chilenas como ningún otro cuerpo colectivo en nuestra historia, no les gusta porque abunda en la Convención un color de piel que recuerda el mestizaje que mayoritariamente compone nuestra población y del que la derecha, repito, extremista en su conjunto, ha querido siempre renegar. Los convencionales le desagradan por la forma como se visten, por la sencillez de su comportamiento y porque celebran, aplauden y se abrazan ---y hasta se besan--- cuando aprueban una nueva norma constitucional… Y, además, a la derecha le produce rechazo el contenido de lo que aprueban porque afecta sus privilegios, que la derecha pretenden que se reconozcan como derechos.


Extremista como es, la derecha chilena defiende al Senado ---bicentenario, según destaca en sus discursos--- como un baluarte de las regiones, aunque el país ha vivido sus doscientos años de historia con regiones ahogadas por el centralismo metropolitano.


La derecha rechaza la plurinacionalidad porque cree en un absurdo: que un país es más unido si las naciones minoritarias permanecen ocultas o ignoradas, cercenadas en sus derechos. Rechaza el “pluralismo jurídico” porque afecta, dice, la igualdad entre los chilenos. Así, se niega a admitir que el derecho moderno reconoce a naciones y pueblos diferentes por historia y tradición, pero que conviven en un mismo Estado, como titulares de derechos colectivos. Se trasluce en estas posturas un racismo vergonzante y una arrogancia propia de colonizadores.


La derecha se opone a la inapropiabilidad del agua y defiende los intereses de los que se beneficiaron con su privatización bajo la dictadura militar. Y sostiene el mismo criterio sobre los recursos mineros ---atención: cobre, litio--- o marítimos.


Rechaza también la ampliación de la libertad sindical y la negociación colectiva. El capital, la ganancia. Racismo y codicia coloniales. Es la base de su visión económica y social.


Pero en la Nueva Constitución no existirá el “derecho a los privilegios”, ni el “derecho al abuso”, tampoco el “derecho a la desigualdad”. Por el contrario, las definiciones adoptadas hasta aquí por la Convención indican que, más allá de legítimos matices sobre uno u otro contenido específico, la Nueva Constitución paritaria significará un gigantesco avance para la igualdad social de la mujer. Consagrará un Estado regional que radica importantes poderes en la institucionalidad de las regiones y en sus ciudadanos. El Estado social y democrático de derecho traerá consigo más garantías de libertad y de vigencia de los derechos sociales básicos de educación, salud y vivienda. La perspectiva ecológica que la Nueva Constitución despliega permitirá un más amplio e igualitario acceso a los bienes de la naturaleza y una nueva concepción sobre la relación de ésta con los individuos. Por eso no vacilamos en decir, ahora, que votaremos APRUEBO en el plebiscito de septiembre.

No quisiera dejar pasar el penoso episodio en que algunas personalidades políticas, que declaran haber apoyado la iniciativa de una Nueva Constitución, se han plegado a las maniobras contra la Convención, ya sea llamando a votar rechazo o, como han hecho experimentadas figuras del tiempo de la transición, exponiendo dudas mal explicadas o que inducen a la confusión. Es imposible que ignoren que al hacerlo dañan la opción Apruebo. Frente a tal grado de deterioro político no queda sino convocarlos a que reflexionen y corrijan su conducta. Ojalá nuestro llamado sea escuchado.


Hace un par de meses Plataforma Socialista inició el análisis de cómo enfrentar el plebiscito y ya está desarrollando acciones en ese sentido. Para concretar nuestro modesto aporte hemos buscado asociarnos con organizaciones sociales y centros de estudio, como es el caso de Nodo XXI, que trabajen en la misma dirección.


Desde hace unas semanas miembros de Plataforma ocupan posiciones destacadas en el gobierno del Presidente Boric. Es un gobierno joven, con poca experiencia, dicen. Pero, digo yo, posee una fuerza extraordinaria, con líderes que tienen un exitoso historial en la dirección de movimientos de masas, gremios e instituciones políticas. Acompañaremos al Presidente Boric y su gobierno con adhesión firme y perseverante y haremos saber nuestras críticas por los canales internos porque no olvidamos que, por justas que pudieran ser, la publicidad sin justificación solo favorece a los adversarios.


Para evitar que esto ocurra es indispensable que Apruebo Dignidad, la base originaria del gobierno, funcione con apertura y reconocimiento a todos sus integrantes y con agilidad. Aplaudimos los pasos para que Apruebo Dignidad opere como coalición, unida en torno a un ideario, un programa y un gobierno, y haga oír con claridad sus planteamientos. También aplaudimos y participamos activamente de su despliegue regional y comunal. Apruebo Dignidad debe, como tal, fortalecer su relación con los movimientos y organizaciones sociales significativas y hacerse eco de las urgentes necesidades inmediatas de nuestro pueblo. Solo en estrecha vinculación con los y las trabajadoras y sus familias, con los jóvenes y mujeres de los sectores populares, podremos orientar con justeza nuestras políticas y explicar las medidas que, en un cuadro de complejos factores nacionales e internacionales, debe adoptar el gobierno.

La participación en el gobierno de las fuerzas del Nuevo Pacto Social, Convergencia Progresista o ex Concertación, como quiera que se llame ese conglomerado, plantea nuevas cuestiones, administrativas y políticas, relativas al funcionamiento con dos coaliciones. Debemos entender que para el funcionamiento apropiado es preciso a veces ofrecer a determinados sectores tratamientos especiales, aunque no justificamos de modo alguno las exageraciones innecesarias. En fin, es un tema delicado.


Todos sabemos que en las circunstancias actuales es preciso consolidar una amplia base de apoyo en torno al programa. Sabemos también que la lucha política no es lineal y que se compone de avances y también de retrocesos. Pero la conducción debe ser siempre en consonancia con el pueblo organizado, evitando que se rompan las líneas de sentido entre gobierno y pueblo y, es más, construyendo nuevos lazos. Hablábamos de “allendismo”. Para nosotros el “allendismo” no es la pura admiración por un líder heroico o el cultivo de su imagen, es, entre otras cosas, imitar su práctica de decenios: fortalecer al pueblo, consolidar los vínculos entre política y sociedad. Es el pueblo como colectivo humano el que explica el sentido del socialismo, no la disputa por los cargos.


Por eso, será más fácil explicar y entender las severas limitaciones que enfrenta el gobierno mientras más abierto esté a satisfacer las urgentes necesidades populares, por los medios que la mejor política pública disponible indique, y a avanzar pronto en las principales iniciativas transformadores, aun parcialmente.


Compañeres:

Los invito a dar inicio a nuestros trabajos y declaro inaugurada la primera Convención de Plataforma Socialista.


¡Honor y gloria a nuestros compañeros y compañeras víctimas de la dictadura y a todos los que cayeron en la lucha de la izquierda!


¡Socialistas a luchar, con Allende en la memoria!


Discurso Inaugural - Primera Convención - Plataforma Socialista / Santiago, 23 De Abril De 2022 / Jorge Arrate

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