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Estado Social Democrático: ni obvio ni evidente por Carlos Cerpa Miranda

Con todas sus limitaciones y claroscuros, el futuro está mucho mejor dibujado en la propuesta de nueva Constitución. Se acerca mucho más a un tipo de sociedad más justa e inclusiva, que mira de frente los problemas del siglo XXI. Sabemos que sociedades humanas perfectas no existen, pero también sabemos que hay unas más dignas y decentes que otras. Uno de los pilares que marca las diferencias entre la opción Apruebo y la opción Rechazo, está contenida en el Estado Social Democrático de Derecho. A partir de él se podrá comenzar a construir la así llamada “casa de todos”. Esa es la mejor salida que un país como el nuestro puede alcanzar, no es una parodia, no es gatopardismo a partir del cual sigamos haciendo más de lo mismo.

En adelante y hasta el próximo 4 de septiembre lo significativo, lo tangible que cuenta, es Aprobar o Rechazar la propuesta de nueva Constitución.


Ese 4 de septiembre, en el que decidiremos si optamos por seguir estancados en la lógica del Estado subsidiario que representa la Constitución de la dictadura, o nos abrimos paso hacia la construcción de un Estado social.


Y es que no da lo mismo si se opta por el Apruebo o el Rechazo. Las definiciones no son inocuas en ese sentido, porque marcarán la vida institucional del país para las próximas décadas y sin duda de las generaciones venideras que crezcan en él.


Pero como en todo proceso con características trascendentes, en el que las abstracciones se presentan como hechos y los hechos se distorsionan y tergiversan hasta corrompérseles, vamos a intentar colocar la pelotita a ras de suelo para ver si acaso las bondades que algunos analistas le conceden a la derecha y al Rechazo son las que se dicen que dijeron que son.


Así por ejemplo, dijeron que dicen que están de acuerdo con el Estado Social Democrático de Derecho. Al no haber contenido al respecto salvo el titular dado a conocer por distintos medios de prensa en el marco de los 10 compromisos que definió este sector, no resulta ni “indudable” ni tan “obvio” que la visión de sociedad y de Estado que orienta el accionar político de la derecha y el Rechazo sea el que dicen que dijeron que es.


Para comenzar, la viga maestra del Estado social es la universalidad de los servicios y prestaciones que la sociedad le encarga garantizar al Estado. Para que la universalidad de los derechos se haga efectiva, indispensable resulta que esta se materialice a partir del principio de solidaridad. Por eso que en la variedad de modelos de Estado social que existen en el mundo, todos, independientemente de algunas de sus formas, asumen que corresponde al Estado ejercer la centralidad en la provisión de servicios y bienes públicos. Todo lo contrario a lo que ocurre con el Estado subsidiario en el que el mercado es el hegemónico y el Estado, un simple acompañante.


Se trata pues, de dos conceptos incompatibles entre sí: la solidaridad y universalidad, pilares sobre los que se construye el Estado social, son incompatibles con el lucro, pilar sobre el que se sostiene el Estado subsidiario.


Como conjunto, los países que han avanzado hacia esta forma de organización de la sociedad, básicamente han comprendido que para tener paz social, la ganancia y el lucro deben ser controlados y la riqueza social redistribuida. Y con sus sistemas de protección social impiden que los sectores menos favorecidos de la sociedad sean arrojados a la vera del camino. Exactamente todo lo contrario al modelo de capitalismo salvaje o de darwinismo social existente en Chile, que reproduce la exclusión y eterniza las desigualdades.


Bajo la hegemonía del Estado subsidiario, no existe integración social en el territorio. Las formas en que ello se presenta son visibles y conocidas. Las comunas han sido construidas para ricos y pobres, verdaderos ghetos sociales que no se topan, que no convergen. Si el símbolo de la discriminación durante la dictadura era la comuna de La Pintana, en la que serví el cargo de Concejal durante dos periodos, el patrón de crecimiento de la ciudad ha seguido siendo, con muy pocas variaciones, el mismo de antaño. Pero quizá el caso humano más dramático por estos días, sin que haya cambiado mucho la realidad anterior, tal cual lo sigue denunciando su alcaldesa, sea el de las condiciones de vida de cientos de miles de personas en Quilicura.


La respuesta a esas formas de discriminación la encontramos en los países cuyos modelos de sociedad se organizan a partir del Estado social. Allí, el Estado habilita a los municipios a gestionar viviendas sociales en los mismos espacios que ocupan los más favorecidos porque de otro modo, sin la participación decidida del Estado, es imposible reducir la discriminación, la segregación y el clasismo. Esto incluye soluciones habitacionales basadas en la tenencia de viviendas administradas por cooperativas. Lo que no afecta, bajo ningún punto de vista, el acceso a la vivienda propia. Se trata, más bien, de ampliar el abanico de soluciones, yendo más allá de la visión hegemónica que, en nuestro caso, ha implantado el mercado inmobiliario.


Como se dice que dijeron que el Rechazo y la derecha están por los cambios, pregunto: ¿Está el Rechazo disponible ahora a habilitar proyectos de integración social en los municipios ricos que controla?


¿Está el Rechazo disponible a hacer el trabajo político con los vecinos de las comunas en las que es social, política y culturalmente hegemónico, para convencerlos por qué es razonable promover la convivencia civilizada, en un mismo espacio, entre conciudadanos de distinto origen social, de distinto color, tal cual existe en los países cuyo Estado considera la integración social, el respeto a la dignidad humana, como algunos de sus bienes más preciados?


Por otra parte, en los países con Estado social se llegó a la comprensión que para equiparar la cancha entre quien produce y quien es dueño del capital, indispensable es reconocer la libertad sindical y la sindicalización, el derecho a negociación colectiva y a la huelga. Esto porque los bajos ingresos por parte del trabajador han sido asumidos como factores que contribuyen a la conflictividad en las relaciones laborales y en el resto del cuerpo social. Y en consecuencia, porque el trabajador aislado carece de capacidad negociadora, quien ejerce la titularidad, en representación de las y los trabajadores, es el sindicato.




Por otro lado, complementariamente a la existencia de sindicatos, en los países con Estado social parte sustantiva del modelo consiste en el derecho de los trabajadores a tener representantes en los directorios de las empresas. Públicas y privadas. Este ha sido el factor que ha hecho posible ganar en productividad y desarrollar las economías, generar nuevo conocimiento, aportar a mayores niveles de integración y paz social desde el mismo lugar en el que se genera la riqueza y claramente, disminuir las brechas de desigualdad en estas sociedades.


Con estos dos simples ejemplos, el de la vivienda y las relaciones laborales, podemos ejemplificar que en el Apruebo y el Rechazo hay dos modos de entender la convivencia social. En uno, el Apruebo, se gana en profundidad democrática, en paridad de género, en derechos sociales, en descentralización efectiva del poder, en protección de la naturaleza, reconocimiento a los pueblos originarios, respeto a las minorías, entre otros.


En cambio, la visión del Rechazo sigue anclada en los mismos paradigmas que condujeron a la revuelta, derechos mínimos y agregados intrascendentes que no modifican en nada lo sustantivo del Estado subsidiario y sus negativas consecuencias para la convivencia social. Hay sectores que no quieren entender que el tema que nos divide no son las opiniones que cada uno tiene el derecho a defender. El tema que nos divide es el de la desigualdad, el de las diferencias sociales aberrantes y el cinismo que se despliega para disfrazar una realidad incontrarrestable, que no se puede seguir negando ni tapando con un dedo.


Con todas sus limitaciones y claroscuros, el futuro está mucho mejor dibujado en la propuesta de nueva Constitución. Se acerca mucho más a un tipo de sociedad más justa e inclusiva, que mira de frente los problemas del siglo XXI. Sabemos que sociedades humanas perfectas no existen, pero también sabemos que hay unas más dignas y decentes que otras.


Uno de los pilares que marca las diferencias entre la opción Apruebo y la opción Rechazo, está contenida en el Estado Social Democrático de Derecho. A partir de él se podrá comenzar a construir la así llamada “casa de todos”. Esa es la mejor salida que un país como el nuestro puede alcanzar, no es una parodia, no es gatopardismo a partir del cual sigamos haciendo más de lo mismo.


Al respecto, cabe una última pregunta: Si la derecha en la Convención votó en contra del Estado social ¿Por qué motivo habría que creerles ahora que están a favor de él, cuando al momento de votarlo en la Convención, el lunes 11 de abril, lo descartaron votándolo en contra?

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