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"Insensibilidad social y miopía clasista" por Germán Correa

Un amigo suele usar una frase de otro para referirse a quienes, una y otra vez, insisten a caerse en casi cualquier cosa que hagan o sigan: “no pierden oportunidad de cometer errores”. Es una frase que a veces dan ganas de aplicarla al Presidente Piñera y a las autoridades de su gobierno, casi sin excepciones. Pero al usarla uno queda igualmente insatisfecho, como que no da cuenta del real fenómeno que caracteriza profundamente a este Gobierno y a quien lo encabeza. Y lo que surge de inmediato es calificar a las autoridades de este gobierno como gente de una increíble insensibilidad social y humana y de una miopía clasista a toda prueba. No pierden oportunidad de dar pruebas de ello.

De otra manera no se explica la manera como actuaron frente al estallido social del 18 de octubre pasado ni cómo han procedido ante esta crisis pandémica. Ambos fenómenos se unen en el hecho de que quienes están saliendo más afectados por la crisis de salud y económica que la acompaña son buena parte de los mismos que salieron a las calles por centenas de miles protestando contra las desigualdades, los abusos y el trato indigno. Pero el dolor lo están poniendo ellos, no los todopoderosos de siempre, ni su clase social, ni los que están en el gobierno, que son de esa misma clase.


No pierden oportunidad de demostrar su insensibilidad social y su miope clasismo. En el mundo se está escribiendo bastante sobre Chile en estos días. Lamentablemente. Nos estamos ganado el puesto N°1 entre los países que lo han hecho mal para enfrentar la pandemia. No sólo eso, los comentarios coinciden en la atrabiliaria estrategia del Gobierno de obligar a la gente de menos recursos a que se arregle con sus propias uñas para enfrentar la crisis, al exigir a los trabajadores que echen mano obligatoriamente de su seguro de cesantía, al dar un ingreso de emergencia ridículo y por solo 3 meses, al generar un estímulo para la defensa del empleo que las empresas han usado sólo en su favor mientras se reparten las utilidades, al negar con argucias leguleyas un post-natal de emergencia a las mujeres que no tienen con quién dejar a sus hijos por ser obligadas a trabajar en plena pandemia, el dar manga ancha a las empresas para que con mentiras y subterfugios que hace semanas vienen siendo denunciados obliguen a trabajar a sus empleados. La lista es larga. Mientras tanto, los recursos del Estado se reservan, en realidad, para apoyar a las grandes y medianas empresas que están en problemas. Para allá va ir el grueso de los 13 mil millones de dólares que la Oposición, con una increíble manga ancha para los poderosos, le ha dado el vistobueno con el famoso “acuerdo nacional económico-social”, que de social tiene poco.


Esta insensibilidad social y miopía clasista de las autoridades de este gobierno se viene demostrando desde hace mucho. Unos meses antes del estallido social y de la pandemia un ministro mandaba a la gente a levantarse temprano para no tener que tomar micro en la hora de tarifas más altas, mientras otro les decía que compraran flores porque estaban más baratas que las verduras. Y el más trágico, el Ministro de Salud renunciado que, con ingenuidad clasista que raya en lo criminal dada su responsabilidad en ello, reconoció que ignoraba el nivel de hacinamiento que vivían miles de familias pobres y el impacto devastador que por eso estaba teniendo entre ellas el coronavirus. Cuando se trabaja en la Clínica Las Condes y no en un consultorio en un barrio popular, y cuando se vive de Estoril para arriba, es obvio que no conoces lo que es el Santiago y el Chile real. Y piensas y actúas en consecuencia, de manera socialmente insensible y con increíble miopía clasista.


Y no me voy a referir otra faceta trágica de este gobierno, que en las actuales circunstancias resulta fatal: su incompetencia y torpeza. Podemos suponer que da lo mismo si es de derecha o si todo lo ve desde la óptica de los intereses empresariales y del gran capital. Pero por lo menos podrían hacer bien las cosas. Ni eso. Han demostrado niveles de ineptitud que impresionan, si uno ve los curriculum académicos de varios de ellos o ellas. Lo peligroso es que ese mal viene de la cabeza misma. ¡¡Qué mala suerte tuvimos los chilenos de haber estado siendo gobernados precisamente por esta gente en estos momentos críticos!! No digo que nosotros necesariamente lo habríamos hecho mejor, aunque sospecho que sí. Pero sí digo, como chileno, uno tiene al menos el derecho a exigir que los que gobiernan sean competentes, sobre todo cuando su incompetencia tiene el resultado directo de que haya gente que muere o sufre más de lo que debiera por esas incompetencias.

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