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La derrota del clero neoliberal chileno

Por Dr. Ariel Ulloa, ex alcalde de Concepción.


Es cosa sabida que, cuando en las ideologías pasa a imperar el dogma por sobre la razón o la realidad, estas devienen en religiones. Ocurrió así por ejemplo con el modelo comunista soviético cuyo pétreo liderazgo no permitía discutir la verdad revelada y los dogmas consagrados en los textos oficiales y ha sucedido así en la historia de la humanidad.

Es el caso ahora del dogma neoliberal con su Vaticano establecido en la Escuela de Economía la Universidad de Chicago. El dogma de Von Hayek, Milton Friedman y otros. Verdad revelada para un sector importante de economistas chilenos, y el que hace ya rato en el mundo y en la academia dejó de tener la potencia que tuvo en los años de Reagan y Thatcher.


Sin embargo, en Chile se ha mantenido inalterado en sus rigideces, temores y tozudeces, desde que aterrizó procedente de Chicago durante la dictadura. Una suerte de clero criollo se ha encargado de eso. Cuando surge la diabólica idea del retiro del 10% de los ahorros previsionales depositados en las AFP, esa clerecía lanzó su vade retro y se dedicó a aterrorizar a los feligreses con las penas del infierno si tal locura populista era aprobada.


Los vimos predicando en todos los púlpitos contra la “irresponsable “y diabólica idea de tocar a las AFP. Para ese clero de economistas conservadores pareciera no haber ocurrido nada en Chile en estos últimos tiempos y antes. La crisis financiera de 2008, la explosión social del 18 de octubre de 2019 y la pandemia global que ha desnudado al país en su triste realidad, para la clerecía neoliberal han sido solo episodios que habrá que olvidar para que luego el país continúe la marcha hacia el desarrollo arrastrado por un modelo económico para ellos exitoso.


Los clérigos locales fanáticos neoliberales - varios de ellos ex ministros de Hacienda o Economía de los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría- han roto lanzas contra la Reforma Constitucional aprobada abrumadora y transversalmente en el Congreso que permite a millones de sufrientes chilenos y chilenas retirar el 10% de sus ahorros previsionales y así paliar los destrozos que ha provocado la pandemia en la economía familiar.


No han vacilado en condenar ácidamente a sus promotores tildándoles como populistas, irresponsables, desastre político, o el “peor parlamento de la historia” por haber cometido el pecado de aprobar, causantes de un desastre económico que solo se corregiría en el año 2100, según la DIPRES, etc. Algarabía brutal que revela una suerte de subdesarrollo intelectual muy propio del dogmatismo. Mientras el mundo reflexiona y discute muy en serio acerca del pospandemia y acerca de cuáles serán los cambios y reformas que deberán efectuarse para corregir las fallas y llenar los vacíos que ha dejado al descubierto la pandemia. Hubert Vedrine, intelectual y político francés ex ministro de Francois Mitterrand, ha sostenido en reciente ensayo que lo que está claro es que el mundo “no puede volver atrás” y de lo que se trata es de “no regresar a la ANORMALIDAD”, de la globalización desatada y sin reglas, de las desigualdades, la deslocalización sin límites de las empresas, etc.


El Presidente francés Emmanuel Macron por su parte ha sostenido que “lo que revela esta pandemia es que existen bienes y servicios que deben estar fuera de las leyes del mercado. Dejar nuestra alimentación, nuestra protección, nuestra salud, nuestro modo de vida al final, a otros, es una locura”. Bueno, nuestros clérigos neoliberales chilenos lo que desean es precisamente volver a la anormalidad anterior. Esa de las desigualdades, abusos, pobreza y hacinamiento origen del estallido social de octubre y que la pandemia ha dejado dolorosamente al descubierto ante el mundo.


Quizá cambios cosméticos a un modelo concentrador y excluyente generador de pobreza, desigualdades y abusos, en un ejercicio gatopardesco que ya conocemos…pero nada más. La propia Unión Europea de los 27, en una decisión impensable hasta antes de la pandemia y empujada por la locomotora franco-alemana, ha tomado la decisión de mutualizar la inyección de 1,8 billones de euros al presupuesto de la UE, monto que cancelarán los 27 en un plazo de 30 años. De esta enorme masa de dinero 390 mil se entregarán a título de subvención a los distintos países para solventar los gastos de pandemia. Es decir, una decisión keynesiana por donde se la mire. ¿Qué dirán de esto nuestros clérigos? Tendrían que sostener que esto es populismo por cuanto el dogma neoliberal no permite regalar plata.


¿A qué se debe la testarudez de nuestros neoliberales? Simple. Lo que ha ocurrido es que la aprobación por una mayoría trasversal abrumadora del 10% fue un espolonazo a su modelo y ellos lo único que desean es mantener el modelo económico tal y como ha estado hasta ahora. ¿El clero neoliberal chileno no se ha dado cuenta que las grandes pandemias o tragedias de pasado jamás habían golpeado al mundo entero como si lo ha hecho esta pandemia global? Henry Kissinger ha sostenido que “la pandemia modificará para siempre el orden mundial”. En esta terrible pandemia no ha habido país alguno en el mundo en que la gente aterrada no haya vuelto su mirada hacia la respuesta del Estado. Nadie volvió la mirada hacia los mercados. ¿No han tomado nota de eso nuestros fanáticos clérigos?

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