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Lavín, un FDR por Germán Correa

Lavín, aunque se levanta como un FDR, no puede ser un líder que una al país, porque fue uno de los grandes sastres que confeccionó este trajecito, nos lo impuso con la fuerza de las armas de la dictadura y lo apoyó con entusiasmo hasta que no dio más. Ahora Lavín trata de acomodarse al traje de socialdemócrata. Pero como que no le queda. Le sobra un pedazo de manga por aquí y un pedazo de cuello por allá y no se ve bien, es demasiado evidente que no es el suyo. Pero en su closet todavía tiene el otro, el traje regalón que le sirvió tanto durante 30 años. Por si en una de esas…


Pare! Pare! Pare!. No es lo que Ud cree lo que voy a escribir. Cuando digo FDR me refiero a Franklin D. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos en uno de los momentos más críticos de la historia reciente del mundo y de los Estados Unidos.


Hago esta referencia no porque Joaquín Lavín se haya declarado muy suelto de cuerpo como “socialdemócrata”. La verdad, cualquiera tiene el derecho de declararse como quiera y cuando quiera, no importa cuán escandalosa sea esa definición si se tiene en cuenta la trayectoria y convicciones de las que se ha dejado en constancia en el papel, en los hechos y por décadas. No. La hago por hacer un paralelo entre aquella situación histórica crítica que vivió USA y la que está viviendo Chile en el último año, en un coctel altamente explosivo como es el profundo malestar ciudadano que se expresó en el estallido social iniciado en octubre de 2019 y las tremendamente dolorosas y angustiantes consecuencias sanitarias y socio-económicas de la pandemia, especialmente para los mismos que llenaron las calles por meses.


En aquellos tiempos F.D.Roosevelt se transformó en el símbolo de la unidad nacional y de los demócratas del mundo ante el ataque artero de una potencia extranjera totalitaria como era el imperio japonés y la invasión y destrucción de Europa por las fuerzas del nazismo y fascismo. Fue quien se levantó como figura en defensa de los valores democráticos. Eso, independientemente que ese mismo Estados Unidos fuera para nosotros latinoamericanos una especie de látigo expoliador desde que el otro Roosevelt, Theodore, en su disputa con los poderes europeos, declarara en 1916 que el continente americano era de los americanos, claro que sólo de los del norte.

Lavín, desgraciadamente para él, no tiene cómo devenir un líder de unidad nacional. Fue un ideólogo clave de la dictadura. Su famoso libro La Revolución Silenciosa, que todo el mundo debe leer, no porque sea muy bueno sino para refrescar la memoria, es la articulación maléfica derechista de una tesis en verdad marxista: el bienestar material que el modelo neoliberal puesto en marcha por la dictadura iba a ir derramando, de arriba hacia abajo desde los que más tienen a los que menos tienen –la “teoría del chorreo” –, iba a terminar convenciendo a estos últimos de las bondades del modelito, legitimándolo de paso. Es decir, lo material iba a producir un cambio valórico, ideológico en los chilenos y el modelito se iba a imponer. ¡Viva Marx!.

Lavín no dijo, eso sí, que mientras el 1%  de los de arriba iban a capturar el 26% de los ingresos, al 65% de los de abajo sólo les iba a tocar un ingreso menor al salario mínimo y que el 10% de los más ricos tiene 40 veces el ingreso de los más pobres. Y que su vida entera, durante las 24 horas del día, 7 días a la semana, 365 días de año, la iban a trabajar para pagar y endeudarse para que ese 1% acumulara cada día más riqueza, porque son dueños de la luz, el agua, la educación, la salud, los alimentos, la electricidad, el gas, la bencina, las tablas, los remedios, los tornillos, los bosques, las semillas, los fondos de pensiones, los supermercados, los bancos. Y que, encima, se iban a poner de acuerdo para fijar los precios por su cuenta, para acumular más aún y más rapidito, o que iban a fijar intereses usurarios de los bancos que poseen. Lavín no les dijo a los chilenos que el modelito iba a ser de sus vidas un infierno de deudas y angustias hasta para comprar los alimentos.


Ahora dice que el “traje” hay que cambiarlo. No el molde que usó el sastre. El traje, porque ya no le ajusta al Chile de hoy y al mundo de hoy. Cierto. La verdad es que el trajecito nunca nos quedó bien. Pero había un sastre, con unas tijeras de este porte, que te obligaba a ponerte el trajecito. Claro que también es cierto que después a varios les fue gustando el trajecito y se fueron acostumbrando porque encontraron caramelitos en los bolsillos y esas cosas. Hasta que aquellos a los cuales el trajecito los ahogaba y los mataba cada día con deudas y deudas de todo y por todo, hasta para alimentarse, dijeron ¡Basta!; dijeron no queremos ya más al trajecito, a los sastres y a los ayudantes de sastres que vinieron después, que nos han arruinado y amargado la vida que nos prometieron que nos iban a mejorar. Por eso Lavín, aunque se levanta como un FDR, no puede ser un líder que una al país, porque fue uno de los grandes sastres que confeccionó este trajecito, nos lo impuso con la fuerza de las armas de la dictadura y lo apoyó con entusiasmo hasta que no dio más. Ahora Lavín trata de acomodarse al traje de socialdemócrata. Pero como que no le queda. Le sobra un pedazo de manga por aquí y un pedazo de cuello por allá y no se ve bien, es demasiado evidente que no es el suyo. Pero en su closet todavía tiene el otro, el traje regalón que le sirvió tanto durante 30 años. Por si en una de esas…

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