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Nueva Constitución : Estabilidad futura para Chile por Carlos Cerpa

El hecho que prestigiosos economistas e investigadores sociales de la talla de Thomas Piketti y Mariana Mazzucato, entre muchos/as otros, reconozcan públicamente el valor de la propuesta de Nueva Constitución, es un indicativo certero que los temas que ésta aborda están no solo en sintonía con las principales problemáticas del país que le dieron origen, sino que también con las del planeta.


Evidentemente, no faltará quien sostenga que la opinión de estos profesionales “no mueve la aguja” electoral, o que tiene un efecto solo en un sector reducido de la población. En cambio, el valor que tiene una opinión de profesionales altamente calificados, que fundan su opinión en data y evidencia empírica, es que con su interpretación contribuyen a situar la dirección que está tomando el mundo en el contexto de la pandemia, los efectos de la guerra en el Este europeo, la crisis económica, y el debilitamiento de la democracia liberal a manos de poderosas corporaciones globales tales como las Big Tech , que ponen en jaque a los Estados nacionales y sus Instituciones fundantes. Pero el corolario de este escenario es la crisis climática que golpea a la humanidad, y que, como nunca antes, pone en riesgo la existencia de la especie humana.

Por ello es que, luego de señalar que “la nueva Constitución fija un nuevo estándar global en respuesta a las crisis de cambio climático, inseguridad económica y desarrollo sustentable”, quiero destacar brevemente la mirada de estos investigadores sociales en relación al enunciado en el que señalan que con respecto a la educación, la salud y la seguridad social, “Chile satisfactoriamente aplica las lecciones de la historia reciente que muestran la importancia de estos servicios tanto para la resiliencia económica en el corto plazo como para el crecimiento económico a largo plazo”.


¿Cuáles son las lecciones de la historia reciente a la que aluden? La fundamental, que el propio Piketti ha abordado en sendas investigaciones, se encuentra en el pacto social que comenzó a construirse en la Europa de capitalismo industrial entre guerras, pero particularmente entre 1950-1980, que es el periodo caracterizado por la construcción de una fuerte institucionalidad de protección social referida básicamente a consagrar derechos universales en salud, educación, pensiones.


Es a partir de la consolidación del Estado social democrático, como expresión política y jurídica del pacto social, que estos países han podido avanzar en una dirección de progreso, pero por sobre todo, en paz social. He ahí la más contundente lección porque es el fundamento sobre el cual han conseguido desarrollo sostenido en materia económica, diversificar su matriz productiva, incorporar nuevo conocimiento y tecnologías, pero no a costa de mantener en la precariedad e informalidad a la fuerza de trabajo y en la marginalidad social a la inmigración. Al contrario, han tenido la inteligencia de incorporar a los trabajadores a la gestión de sus empresas, aporte que ha implicado innovar en los procesos productivos y contribuir con ello al bienestar del conjunto de la sociedad.


Sin embargo, el pacto social que dio origen a mayores niveles de igualdad, paz social y desarrollo económico en estos países, se ha venido estancando. Uno de los factores que explica dicho estancamiento tiene que ver con el retroceso político e ideológico de las fuerzas propulsoras de esta visión de sociedad. Y como en política, el espacio vacío dura poco, el otro factor estrechamente ligado al anterior, tiene que ver con el esfuerzo sistemático que los distintos gobiernos de derecha han realizado para debilitar al Estado social democrático por la vía de recortes presupuestarios justamente en las áreas más sensibles para la población.


En términos de expresión política esto ha venido dando progresivamente paso al resurgimiento de corrientes xenófobas y racistas con base en organizaciones de ultraderecha. Con todo, la fortaleza Institucional y jurídica que ha surgido de estos procesos, varios de ellos atravesados por destrucción y crímenes masivos, viene siendo el mejor muro de contención al pasado y al horror que le precedieron.


A la luz de las experiencias ya vividas en otras latitudes, la clave para conseguir estabilidad política, paz social, desarrollo económico y en definitiva una mejor calidad de vida para todas y todos, consiste en asegurar que los cambios vayan más allá de la mera voluntad y se expresen jurídicamente. El Estado social y democrático de derecho es en ese sentido una de las conclusiones más importantes que están contenidas en el proyecto de Nueva Constitución y supera con creces la visión del Estado subsidiario. Éste en la práctica solo consiguió hiperconcentrar la riqueza en pocas familias, lo que a la larga nos condujo a la revuelta social.


Junto al Estado social, existen otros factores contenidos en la propuesta de NC que resultan esenciales para superar la crisis, conseguir mayores niveles de igualdad social, desarrollo económico y finalmente paz social, que acá solo señalaremos como titulares. Estos son: “la estructuración de una sinergia positiva entre la economía y el medioambiente; la apuesta por una economía basada en el conocimiento y la innovación; la descentralización y el rol protagónico de las regiones en el desarrollo; y el nuevo rol del Estado en la innovación y la promoción de la iniciativa privada.” Para mayor detalle, los interesados pueden consultar una reciente columna del economista e investigador chileno Eugenio Rivera, que aborda estas sinergias con mayor profundidad.


Pero en lo que tiene que ver con el Estado social, adicionalmente a toda la argumentación que hemos venido proporcionando desde la revuelta social, habría que agregar que si bien han sido los movimientos sindicales y las corrientes socialistas las impulsoras de esta forma de organización de la sociedad, también han concurrido otras vertientes del pensamiento político contemporáneo. Así, por ejemplo, tenemos que en Alemania, la DC de ese país jugó un rol muy significativo para hacerlo realidad. Lo mismo ha sucedido, incluso, con corrientes católicas en Italia y otras realidades.


¿Por qué viene al caso hacer mención a lo anterior? Porque en Chile, a nombre del centro político algunos sectores que se reconocen del mundo de la exconcertación, han traspasado los límites del amplio y plural sector de la centroizquierda, la izquierda y el progresismo en Chile, al agruparse en la opción rechazo, que representa exactamente lo contrario. En esa opción se agrupa el Estado subsidiario de la dictadura y no hay voltereta que tenga la capacidad de ocultarlo.


Incluso es más. Hoy asistimos a un tipo de campaña electoral hegemonizada por la mentira, la tergiversación y el engaño a gran escala, que la derecha chilena sabe hacer, y que este sector “de centroizquierda” decidió validar. Reconozcámoslo. Donde la derecha ha obtenido un éxito francamente espectacular, impensado, ha sido al conseguir convertir a los Amarillos y a otras expresiones del género en la expresión pública del Rechazo. Lo que le ha permitido a la primera refugiarse tras bambalinas, a la espera, claro está, de producirse un resultado electoral que le favorezca el próximo e inminente 4 de septiembre.


Con toda seguridad, de darse la eventualidad de un triunfo del rechazo, la primera plana de ese sector reaparecerá en escena, para capitalizarlo políticamente. ¿ O alguien seriamente estima que dejarán que le hablen al país los ciudadanos que han motivado la franja del rechazo?


Por agitada que se encuentre la contingencia, es sencillamente descabellado y abominable que, con el solo propósito de obtener ventaja política, personeros de este centro hayan buscado igualar la gesta del 5 de octubre de 1988, bajo dictadura, la más brutal que hayamos vivido como nación independiente y una de las más salvajes de la historia de la humanidad, con el plebiscito de salida del próximo 4 de septiembre, en democracia y Estado de derecho. Seguramente Felipe Harboe y la senadora Rincón no saben o ignoran que en la lucha por conseguir elecciones libres y democráticas, que la dictadura y su derecha negaban, varios jóvenes fueron acribillados cuando en los muros de Chile pedían elecciones libres. No todo vale.


Dos cosas más antes de terminar. La primera ,el apoyo al gobierno por la campaña informativa que se encuentra desplegando, que se justifica básicamente porque es su deber informarle a la ciudadanía acerca de las opciones que están en juego. Y en segundo lugar mi respaldo a las fuerzas políticas del Apruebo en acordar una ruta que permita despejar las dudas no resueltas o parcialmente resueltas en el texto constitucional.


La opción del Apruebo es la que permitirá destrabar la crisis institucional que vivimos, pues es esta opción la que, a diferencia del Rechazo, perfila un camino de su superación y estabilidad futura para Chile.

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