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Reflexiones políticas en tiempos de pandemia

Análisis de Coyuntura N.o 3 Fundación Nodo XXI Julio / 2020

Este texto es una síntesis del debate sostenido en el Espacio de Coyuntura organizado por la Fundación Nodo XXI e incorpora reflexiones posteriores de su equipo editorial compuesto por: Manuel Antonio Garretón, Camila Miranda, Julio Pinto, Faride Zerán, Ernesto Águila y Carlos Ruiz. En la sesión de Coyuntura participaron: Fanny Pollarolo (Feminista, Partido Socialista), Boris Cofré (Movimiento de Pobladores UKAMAU), Jorge Brito (Diputado Revolución Democrática), Camila Miranda (Fundación Nodo XXI), Rodrigo Faúndez (MODATIMA), Carlos Ruiz (Fundación Nodo XXI), Emilia Schneider (Presidenta FECH), Jorge Arrate (Ex candidato presidencial de izquierda), Ernesto Águila (Académico, Plataforma Socialista), Faride Zerán (Periodista), Manuel Antonio Garretón (Académico, Fuerza Común), Julio Pinto (Historiador USACH) y Florencia Puente (Fundación Rosa Luxemburgo). Se incorporaron además observaciones escritas de Verónica Valdivia (Historiadora).


La larga noche de la pandemia vive sus peores momentos. Mientras Chile escala en los listados internacionales de los países que peor han manejado la crisis, la experiencia cotidiana de millones de chilenas y chilenos se desenvuelve entre la incertidumbre, el desempleo, el hambre, el hacinamiento, la violencia de género, el encierro y la enfermedad. La incapacidad política y técnica del gobierno para ofrecer una respuesta adecuada a la crisis ha producido un creciente desorden en las filas del oficialismo, afectado también por los ecos de octubre que retumban con fuerza pese al silencio forzado por la cuarentena. Las grietas abiertas por las disputas sobre los mecanismos para enfrentar la crisis, así como el inminente proceso constituyente, alertan sobre la urgencia de articular una mirada de mediano plazo sobre la transformación del modelo, con la acción inmediata para atender las necesidades urgentes del pueblo.


REORDENAMIENTO POLÍTICO EN LA DERECHA


La política chilena parece haber entrado en terrenos desconocidos. La inminente aprobación del retiro del 10% de los fondos de las AFP tiene enfrentados a parlamentarios de derecha con el gobierno y la plana mayor del gran empresariado, en una disputa que se desplaza desde las medidas para enfrentar la pandemia a la posibilidad de intervenir la viga maestra del modelo de acumulación capitalista criollo.

Se observa un quiebre entre sectores de la derecha política dispuestos a hacer concesiones ante una demanda popular, como es el fin de las AFP, con el objetivo puesto en el ciclo electoral de 2020 – 2021 (que incluye plebiscito constituyente y elección de gobernadores, alcaldes, concejales, constituyentes, presidente, senado- res, diputados y consejeros regionales); frente a políticos, gobierno y empresarios de derecha posicionados en una defensa dogmática del modelo. Se trata de burocracias parlamentarias y alcaldicias que ven en riesgo su propia supervivencia, producto de la intransigencia y personalismo de Piñera y su gobierno, lo que se aprecia por ejemplo en su intento fracasado por usar la crisis sanitaria para recuperar el control y liderazgo tras el estallido social. Desde otro prisma, se trataría de una tensión al interior de la derecha respecto de qué componentes del modelo son irrenunciables y cuáles no. Más que una disputa ideológica entre liberales y conservadores, se observa una diferencia de diagnóstico y cursos de acción a seguir tras el estallido social de octubre. Pese a no tratarse todavía de un desorden de carácter estratégico en las filas de la derecha, sino que de un proceso de reordenamiento político en curso, abre grietas y posibilidades que las fuerzas democráticas deben aprovechar.

REACTIVACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL


Por su parte, las organizaciones sociales y fuerzas políticas de izquierda experimentan sus propios desafíos y tensiones ante la pandemia. El movimiento social, que había retomado su movilización en marzo, se ha visto obligado a un receso forzado producto de la cuarentena y las urgencias de la vida que ella conlleva. Sin embargo, ante la mezquindad e incompetencia del gobierno, la protesta ha retomado lugar, ya sea como masivos cacerolazos desde distintas zonas del país, cortes de ruta y barricadas, o saqueos y enfrentamientos con carabineros. A esas expresiones se suman múltiples iniciativas autogestionadas surgidas a nivel de base para enfrentar colectivamente la crisis. Mientras, las plataformas virtuales han ofrecido un espacio casi permanente de diálogo, reflexión y expresión, destacándose en particular las organizadas desde el movimiento feminista, donde se observa una discusión que busca ir más allá de la resolución de los problemas inmediatos, para abarcar cuestiones relacionadas con la reestructuración de la sociedad, y las campañas desplegadas por el movimiento NO+AFP frente al retiro de las pensiones, que junto a múltiples voces sociales y ciudadanas han reafirmado la necesidad de un sistema de seguridad social en Chile.

OPORTUNIDADES PARA LA IZQUIERDA


Desde las fuerzas políticas de izquierda si bien todavía predomina la desarticulación y una gran dificultad para intervenir políticamente en la crisis, los propios acontecimientos han generado un ambiente de mayor diálogo, encuentro e iniciativa. La obtención de algunos logros relevantes (como la ley de posnatal de emergencia, el límite a la reelección de autoridades, la suspensión del SIMCE, la rebaja de la dieta parlamentaria y la aprobación en la Cámara del retiro del 10% de las pensiones) contrasta con la ausencia de una discusión articulada sobre los horizontes de transformación y de las posibilidades que ofrece la presente coyuntura para que estos hitos conformen una agenda política capaz de presentarse como una alternativa concreta al país. Para la cual, la superación de la pandemia en sus dimensiones sanitarias y económicas, las demandas del 18 de octubre y el proceso constituyente deberán ser consideradas como parte de un mismo proceso político e histórico.

En este contexto las y los participantes del Espacio de Coyuntura advirtieron los siguientes temas como relevantes para ser abordados por las organizaciones sociales y políticas de izquierda:


1. Construir una estrategia común de superación del neoliberalismo. El estallido social de octubre, y su instalada crítica al modelo social, político y económico de los últimos treinta años, abrió la posibilidad de pro- mover una agenda de transformaciones sustantivas. Sin embargo, la realización de las demandas de la movilización social no está asegurada, ni siquiera en el acuerdo constituyente, que estas puedan realizarse. Acechan la sombra de la transición a la democracia que, aunque desencadenada por un plebiscito y movilización social y política, no significó la transformación esperada del modelo, y la incapacidad de la izquierda en convertir la fuerza del movimiento social de los ochenta en tal transformación.

En ese sentido, se alerta sobre los riesgos de carecer de una estrategia común al interior de las izquierdas sobre un posible camino de superación del modelo neoliberal vigente. Los vacíos en materias como crecimiento, modelo productivo, sistema político, recursos naturales, defensa, entre otros, dejan la cancha abierta a sectores de la ex Concertación para hegemonizarlos. Es decir, ante la posibilidad de que los escenarios electorales que se avecinan impliquen necesidades de alianza con estas fuerzas, un silencio de la izquierda en estas materias implicaría capitular de antemano en aspectos fundamentales para lograr las transformaciones anheladas.

El desafío de discutir y concebir un proyecto de superación del neoliberalismo requiere combinar una dimensión de elaboración a largo plazo con la construcción de un programa mínimo antineoliberal que oriente la acción de las fuerzas de izquierda en los escenarios próximos, entre ellos, la convención constituyente. Es en este sentido que hay que interpretar lo positivo que significa la aprobación del retiro del 10% de las pensiones en la medida que apunta a resolver problemas inmediatos con una perspectiva de cambio de uno de los núcleos fundamentales del modelo.

Este programa mínimo antineoliberal no puede perder de vista la centralidad que el movimiento social le otorga a la consagración de derechos sociales, pero debe además identificar aquellos cerrojos concretos que posibilitan o restringen la materialización de esos derechos. Un componente de ese programa mínimo, sobre el que se reclama atención, es la “caja de herramientas” de la Constitución, a saber, tanto los mecanismos que permitan aprobar leyes y hacer reformas, por cuanto avances significativos en este campo permitirían, una vez aprobada la nueva Constitución, realizar las transformaciones que no sean posibles en la constituyente, debido a la regla que establece que los acuerdos deben ser aprobados por 2⁄3 de los votos; como las reformas institucionales a través de las cuales la Constitución actual neutraliza la soberanía popular y la política misma, para entre otras aristas, lograr emancipar el voto popular y ampliar la participación vinculante.

2. La dignidad del pueblo como posibilidad de articulación entre la lucha social y política. Pese a la cuarentena, la fuerza de la sociedad chilena que se dejó sentir en octubre sigue presente. Ya sea a través de cacerolazos, redes sociales, o acciones directas, la demanda soberana por dignidad sigue remeciendo los límites de lo posible de esta democracia limitada. Sin embargo, el abismo que separa sociedad y política permanece. El movimiento social que exige respuestas a sus urgencias materiales no esperará por siempre la resolución institucional de sus demandas, y ello conlleva un riesgo latente de respuestas autoritarias ante el crecimiento de la protesta social.

Por lo mismo, se recalcó la necesidad de promover una política propia desde la izquierda para la reactivación económica tras la pandemia. Se propuso pensar el campo de la reactivación económica como un terreno de disputa, donde empezar a introducir elementos de superación del modelo neoliberal. En particular, se propuso explorar la fórmula de una empresa estatal que participe en la reactivación, y que permita desarrollar nuevas formas de participación social en la acción del Estado. En el mismo sentido, se sostuvo que estas coyunturas interpelan a la izquierda a revisar su historia, y los riesgos que carga una apuesta que concentre el poder exclusivamente en burocracias estatales. Estas burocracias, sobre todo en situaciones de debilidad de los actores y partidos políticos, corren el riesgo de escindirse del proceso social y convertirse en nuevas clases dominantes. Por ello, se plantea que la intervención en los escenarios que vienen tiene que buscar crecientemente puentes entre lo social y lo político, de modo que ambos campos participen y se desarrollen en la búsqueda y realización de las transformaciones.

3. Acciones inmediatas por la vida, plebiscito y elecciones. Por lo pronto, la urgencia más apremiante sigue siendo sobrevivir a la pandemia y asegurar las condiciones que la superen. Ni las fuerzas sociales ni políticas pueden desentenderse de ello. Al contrario, la enorme presión social por soluciones efectivas ha mostrado ser un campo fértil para promover agendas que tensionan los marcos del modelo vigente. Urge que una articulación entre fuerzas políticas y sociales elabore discursos y acciones coherentes que permitan acumular los avances logrados, en una disposición propositiva y no meramente reactiva o de denuncia.

Por otra parte, quedan tres meses para la fecha acordada para el plebiscito constituyente. Resulta indispensable construir, en conjunto con especialistas y organizaciones sociales involucradas, criterios de salud pública que permitan asegurar la realización del plebiscito, y no dejar ello en manos de los intereses de la derecha que busca boicotear dicha instancia. De ser posible realizar la votación, lo mismo debe hacerse respecto de las medidas sanitarias a implementar durante el plebiscito, para darle tranquilidad a la población sobre su participación, y asegurar la mayor convocatoria posible. Las organizaciones sociales y políticas de izquierda deben asegurar un gran triunfo en resultado y participación en dicha instancia. Por último, el ciclo electoral en ciernes definirá la política institucional por los próximos cuatro años, teniendo un rol decisivo en la proyección y resolución del estallido social de octubre. Es momento de comenzar a elaborar una propuesta constitucional que oriente y unifique a la izquierda y articule un frente democrático amplio antineoliberal y por la recuperación de la soberanía popular en la nueva constitución política.

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