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Tratamientos psicológicos en el SNS: urgente, necesario, factible

Por: Álvaro Barrera y Rafael Sepúlveda


¿Qué hacer cuando mucha gente sufre de un problema de salud y existen tratamientos de efectividad establecida científicamente, pero del cual hay poca disponibilidad?



Una opción es que quienes tienen el dinero suficiente compren dicho tratamiento en el mercado. Otra opción es que la mayoría que carece del dinero para comprarlo no reciba tratamiento o reciba un tratamiento inefectivo. Una tercera opción es que el Estado, actuando de manera técnicamente competente, asegure el acceso de dicha mayoría al tratamiento de efectividad probada sin tener que pagar de su bolsillo, atendiéndose en el Servicio Nacional de Salud (SNS).


Un ejemplo de esto último ha ocurrido en Inglaterra. En dicho país, a comienzos de la década de los 2000, se constató que los trastornos depresivos y los trastornos de ansiedad causaban enorme sufrimiento personal, con grandes pérdidas económicas para las personas y para el país por licencias médicas, pérdida de productividad, y beneficios sociales. Al mismo tiempo, se había establecido la efectividad de los tratamientos psicológicos basados en la Terapia Cognitiva Conductual (TCC) a través de estudios controlados aleatorizados (RCT, por la sigla en inglés de Randomized Controlled Trials) para la mayoría de dichos trastornos. El problema era cómo lograr que las personas afectadas pudiesen acceder a dichos tratamientos. El año 2006 comenzó el trabajo para dar acceso ellos a escala masiva.


La solución propuesta en el Reporte sobre la Depresión: un nuevo trato para la depresión y los trastornos de ansiedad (The American journal of psychiatry vol. 163,8 (2006): 1362-70. doi:10.1176/ajp.2006.163.8.1362) fue simple, pero un enorme desafío. Se propuso entrenar 8 mil nuevas y nuevos terapeutas en TCC, en un plan de siete años, financiado y organizado por el gobierno central. Así comenzó el Programa de Acceso Incrementado a las Terapias Psicológicas (IAPT, por la sigla en inglés, PATP en castellano) el año 2008. Una década más tarde, el resultado ha sido notable. El Programa de Acceso a Tratamientos Psicológicos (PATP) ha transformado el tratamiento de los trastornos de ansiedad y la depresión en adultos en Inglaterra y es ampliamente reconocido como el programa de terapias psicológicas más ambicioso del mundo y, solo en el último año, más de un millón de personas lo usaron. El Ministerio de Salud inglés planea llegar a que 1,9 millones de personas lo usen el año 2024.


¿Qué características tiene el PATP?

  1. Se ofrecen solamente terapias psicológicas basadas en la evidencia, fundamentalmente Terapia Cognitiva Conductual (TCC), brindada por profesionales capacitados y acreditados, adaptadas al problema de la persona en intensidad y duración.

  2. Se monitorean los resultados regularmente, para que la persona que recibe la terapia y quien la brinda tengan información en tiempo real sobre el progreso del individuo, apoyando un enfoque positivo y compartido de los objetivos de la terapia. Estos datos se anonimizan y se hacen públicos, lo que promueve la transparencia en el desempeño del servicio y fomenta su mejoría.

  3. Los profesionales reciben una supervisión regular y centrada en los resultados, de modo que tienen apoyo para mejorar continuamente y brindar una atención de alta calidad.

¿Cuáles son los trastornos psiquiátricos con tratamientos psicológicos de efectividad demostrada científicamente y que son brindados por el PATP en Inglaterra? Estos incluyen, entre otros, los siguientes: la agorafobia (miedo o evitación de situaciones como salir de casa, estar en espacios abiertos o lugares concurridos o utilizando el transporte público); el trastorno depresivo (un estado de ánimo bajo, generalizado, con pérdida de interés y disfrute en las cosas ordinarias, y una gama de síntomas emocionales, físicos y conductuales asociados, de más de dos semanas de duración); el trastorno de ansiedad generalizada (una persistente y excesiva preocupación por muchas cosas diferentes, y dificultad para controlar esa preocupación, usualmente acompañado de inquietud, dificultades de concentración, irritabilidad, tensión y trastornos del sueño); el trastorno obsesivo compulsivo (la presencia recurrente de una obsesión (un propio pensamiento, imagen o impulso no deseado de la persona que repetidamente entra en la mente y del cual es difícil deshacerse) o compulsiones (comportamientos repetitivos o actos mentales que la persona se siente impulsada realizar, a menudo en un intento de expulsar o «neutralizar» un pensamiento obsesivo); el trastorno de pánico (ataques repetidos e inesperados de ansiedad intensa, acompañada de síntomas físicos, con un marcado miedo a ataques futuros, lo que puede resultar en la evitación de situaciones que puedan provocar un ataque de pánico); el trastorno de estrés postraumático (un conjunto de síntomas que se desarrollan en respuesta a eventos como el abuso físico, sexual o emocional, accidentes severos, desastres y acción militar, con recuerdos angustiosos repetidos e intrusivos, desapego emocional y retraimiento social, con evitación de situaciones que hagan recordar el evento traumático, y trastornos del sueño); y el trastorno de ansiedad social (un miedo intenso a las situaciones sociales que lleva a una angustia considerable y que impacta en la capacidad de la persona para funcionar en su vida diaria).


En Chile, el grupo del profesor Benjamín Vicente estableció, el año 2006, que casi un tercio (31,5%) de las chilenas y los chilenos había tenido algún trastorno psiquiátrico a lo largo de su vida, con los trastornos de ansiedad, como el trastorno de pánico, la agorafobia sin pánico, el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno de estrés postraumático, constituyendo el grupo más común (16,2 %). En el año anterior al estudio, una de cada cinco personas (22,2%) había tenido algún trastorno psiquiátrico, siendo los cinco más comunes la fobia simple, la fobia social (el temor a estar en situaciones sociales), la agorafobia (temor a estar en espacios abiertos), el trastorno depresivo mayor y la dependencia del alcohol.


En otras palabras, estamos hablando de millones de personas, cuya condición impacta también a sus parejas y familias. Por otro lado, la Encuesta Nacional de Salud del Ministerio de Salud 2016-2017 indicó que el 2,2% de las personas había pensado seriamente en suicidarse y que un 1,5% había hecho un plan para suicidarse en los últimos 12 meses (es decir, 360.000 y 270.000 personas respectivamente).


Chile puede abordar este problema de salud mental. En primer lugar, el país cuenta con un Servicio Público de Salud tanto a nivel de la Atención Primaria y Secundaria. En segundo lugar, se podría capacitar y certificar a los profesionales ya existentes, en los tratamientos psicológicos descritos más arriba. Tal como cuando una persona tiene cáncer o sufre de un infarto al corazón espera que su tratamiento en todos los servicios de salud del país siga un mismo protocolo fundamentado técnicamente, de la misma manera, quienes sufren de un trastorno psiquiátrico como los mencionados deben poder acceder a un tratamiento psicológico efectivo y basado en la evidencia. Es su derecho y es el deber técnico del Estado asegurar que así sea.


Nos asiste la convicción de que es absolutamente posible implementar en nuestro país, con las necesarias adaptaciones, un Programa de Acceso a Tratamientos Psicológicos (PATP). Creemos que esto es una prioridad ética, razonable económicamente para las personas y para el país, y que es esencial para la realización de un enfoque integral de la salud de las personas.


[Los autores han decidido nombrar el sistema de salud como Servicio Nacional de Salud (SNS), expresando su convicción de que dicho modelo organizativo es el que mejor resguarda el bienestar y la salud de toda lo población de nuestro país]

Álvaro Barrera y Rafael Sepúlveda Álvaro Barrera es psiquiatra, PhD, Máster en Neurobiología y Ciencias de la Conducta, Honorary Senior Clinical Lecturer (Universidad de Oxford). Rafael Sepúlveda, psiquiatra; profesor titular de la Escuela de Salud Pública de las Facultades de Medicina de las universidades de Chile, de Santiago y Mayor; jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Barros Luco.

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