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Tres reflexiones necesarias - Eolo Díaz Tendero



Históricamente el PS chileno logró situarse como instrumento eficaz para transportar ciertas luchas sociales al sistema institucional. Dicho trabajo de representación, implicó un involucramiento con luchas sociales específicas, que logró trabajar de modo de sacarlas de la pura expresión reivindicativa y las convirtió en programa político de transformaciones sociales e institucionales.


No fueron todas las luchas potencialmente existente en cada momento histórico de su ya larga vida, sino que eligió aquellas que evaluó como las que colaboraban de modo más efectivo con la necesidad de mejorar las condiciones de vida de las clases subordinadas, en una concepción amplia de estas, que constituyó en una alianza entre trabajadores manuales e intelectuales.


Sin embargo, la elección de estas luchas implicaba también un horizonte de sentido de su acción, que no se restringía sólo a la reivindicación de los valores específicos y de las luchas particulares de aquellos sujetos sociales, sino que entendía que la instalación y promoción universal de dichos valores, implicaba un avance democrático y “de humanidad.” Dicho horizonte de sentido fue un imaginario del socialismo, anclado y reinterpretado desde una perspectiva latinoamericana y democrática. Así, el Partido Socialista de Chile fue un hijo privilegiado del siglo XX.


Sin duda que las condiciones históricas han cambiado radicalmente durante los últimos 30 años, tanto si miramos las condiciones materiales de las nuevas relaciones sociales que constituyen nuestras sociedades, como si fijamos la mirada en los constructos teóricos que intentan describirlas, explicarlas y, en dicho intento, también constituirlas.


Así surgen tres ámbitos de preguntas que es necesario responder o, al menos, afrontar con seriedad si de poner al día el ideario socialista se trata:

¿Cuál es la reinterpretación contemporánea del imaginario socialista? ¿De qué elementos se nutre el debate contemporáneo sobre los imaginarios sociales posibles? ¿Cuáles son las bases teóricas fundamentales de un imaginario socialista contemporáneo?


¿Cuáles son las luchas que hoy movilizan valores universales de beneficio humanitario? ¿Cuáles son los actores de dichas luchas? ¿Es posible hoy identificar actores sociales que porten proyectos históricos? ¿Existe una nueva subjetividad social? ¿Cuáles son sus rasgos característicos y de convergencia con el imaginario socialista contemporáneo?


¿Cómo transportar eficientemente la nueva subjetividad social a los sistemas institucionales? ¿Cuál sería el programa político? ¿Cuál la estrategia más adecuada a las nuevas características de los actores y las nuevas condiciones institucionales? ¿Qué tipo de acción política se requiere para cumplir el programa? ¿Cuáles son las políticas públicas estratégicas?


I

El Horizonte de Sentido

La elección de un punto de fuga constituye y posibilita la perspectiva. Ordena las piezas de la composición, dotándolas de sentido y armonía entre si. En el accionar político, así como en general en la conducta humana, toda acción responde a una intención; se dirige hacia algún punto. ¿Cuál es el horizonte utópico actual del PS de Chile? ¿Cuál es el imaginario social propio al PS que le permita generar identidad frente a otros conglomerados y a la propia ciudadanía? A la vez, ¿Qué objetivo primordial le permite ordenar sus prioridades de acción?


Sin pretender entregar respuestas definitivas, si parece posible afirmar con convicción que de la historia del PS chileno se desprende un trágico aprendizaje que marca a fuego su identidad, pero que no ha sido suficientemente traducido o interpretado como para transformarse en horizonte utópico. La valoración de la democracia como espacio de autodeterminación y como metodología de acción colectiva productora de legitimidad social. En una concepción de corte utópico, la democracia debería representar una idea radical en donde la subjetividad social (no un conjunto de individuos) es capaz de expresarse libremente en vistas de construir colectivamente el marco normativo que le permita vivir en conjunto. Esto, mediante la deliberación pública en un espacio de libertad y crítica, que genera la universalidad y legitimidad del orden social. Sin embargo, en esta radicalidad, no sólo se le exige expresión y deliberación, sino que también la ejecución legítima y eficaz de bienes públicos igualmente distribuidos y que permitan un zócalo de igualdad para el ejercicio de la libertad, la deliberación pública y la decisión racional. ¿Qué transformaciones solicita esta radicalización de la democracia? ¿Qué ámbitos nuevos de acción política abre esta dimensión de la democracia?


Por otra parte, la historia del PS está irremediablemente vinculada a la necesidad de transformar la vida de las clases subordinadas. Dada la exponencial complejización de las sociedades contemporáneas, los ámbitos y grados de dominación actual tienden a ser más sutiles y circulan a través de nuevos medios. El poder y la dominación ya no circulan exclusivamente por las arterias de las estructuras institucionales, sino que se impregnan en los cuerpos y el logos de los hombres y mujeres. ¿Cuáles son las formas contemporáneas de alienación? ¿Cómo traduce el PS el desafío de luchar contra las sutilezas contemporáneas de la dominación?


¿Se constituye algo así como un socialismo de democracia radical? Socialismo en cuanto ello resuena a justicia social y lucha por romper las formas contemporáneas de dominación y de democracia radical, en cuanto ello significa apostar irrenunciablemente a la desnaturalización del orden social y a la reivindicación de la esfera pública como espacio de construcción de la legitimidad del orden social.


II

Conocer y trabajar con la nueva subjetividad social


¿Cuáles son las consecuencias en los actores sociales de la aplicación del experimento neoliberal de los 80? La revolución neoliberal implica casi 40 años de racionalidad de mercado donde ha tendido a predominar la lógica del triunfo individual, la diferenciación y la competencia para ganar. En un sistema institucional donde sistémicamente se orienta a sus componentes a resolver problemas sociales o colectivos de modo individual y compitiendo frente a los pares (seguros de salud y capitalización individual, por ejemplo) ¿Qué efectos en la conducta de las personas tiene la racionalidad de mercado?


Sin embargo, en paralelo se observan espacios de intercambio solidario o de expresión conflictiva de las consecuencias negativas de dicha racionalidad. Chile, durante los últimos 35 años ha dado luchas importantes en distintos ámbitos: recuperó la democracia, puso en el tapete de lo público las condiciones laborales bajo el régimen de producción actual, marchó por la educación y la instalación de derechos sociales. ¿Bajo qué banderas y utilizando qué métodos se congregan los ciudadanos?


Es probable que no existan movimientos sociales que se propongan cargar en sus espaldas grandes proyectos de sociedad (a la usanza de los 60), pero han logrado influir decisivamente en la agenda de temas públicos. Al parecer (y es necesario profundizar en su conocimiento) hoy tenemos actores sociales que se constituyen de modo mas bien espasmódico a partir de conflictos específicos, con el objetivo de influir sobre la agenda pública y la agenda institucional o decisional.


¿Cómo existen en concreto los actores sociales? ¿Se constituyen autónomamente o el nuevo trabajo de la representación y la política contemporáneas consistiría en ayudar a catalizar su identidad? ¿Qué factores de sus actividades o identidad posibilitan la generación de un programa político? ¿Qué rol juegan en este desafío los partidos políticos? ¿Pueden renacer como expresión de agregación de intereses?


Parece que tenemos ciudadanos incrédulos y desconfiados del poder y que sólo creen en experiencias concretas de utopías y no ya en promesas discursivas. El punto está aquí en como dichas experiencias que se diseñan o constituyen, transmiten utopías o visiones de mundo de un modo eficiente. Tal vez allí está el desafío de la política contemporánea. El espacio de lo virtual parece situarse como una herramienta en el decurso de los debates públicos y de la facilitación de la organización social. Qué duda cabe que la mayor circulación de información y el acceso a ella potencialmente fortalece la capacidad de acción y crítica de los actores sociales. Pero, ¿Basta sólo lo virtual? Tal vez la agenda pública se mueva estratégicamente sólo cunado confluye el circuito de lo virtual, con la interrupción conflictiva del espacio público. Son preguntas necesarias de responder si el PS quiere ser parte dirigente de las luchas sociales. ¿Tiene el PS herramientas para acercarse a entender y trabajar con estos nuevos actores? ¿Qué tipo de partido se requiere en las actuales circunstancias?


III

El Programa y la estrategia

Desde la tensión que necesariamente se instala entre la mirada de horizonte de sentido y la real situación de las relaciones sociales, es que surge la necesidad de un programa político y su respectiva estrategia. ¿Cuál es la distancia entre los deseos del PS y el orden social actual? Mientras no se resuelvan adecuadamente los dos debates anteriores, la posibilidad de imaginar un programa chocará permanentemente con la tentación de administrar lo que actualmente tenemos y sabemos hacer como organización política. Sin embrago, entre 2006 y 2011 algo cambió en Chile y el PS debe incorporarlo a su acción institucional.


¿Cuáles son las prácticas sociales más complejas que impiden hacer avanzar el ideario de una democracia radical? ¿Cuáles son las estructuras institucionales que impiden dinamizar la lógica de cambios que favorezca a las clases subordinadas? ¿Se requiere de un nuevo tipo de estatalidad? ¿La actual permite hacerse cargo eficazmente de las nuevas demandas que ha instalado la sociedad? ¿Cómo y dónde generaremos como sociedad espacios comunes en donde prime la integración y no la diferenciación y la competencia? Del potencial listado de problemas que surgen de este debate, ¿Cuál será el conflicto principal sobre el que el PS buscará intervenir?


Sea cual sea la respuesta a estas interrogantes, es objetivo estratégico de un partido como el PS es construir un sólido cuerpo programático que le permita comprender la actual situación y preparar una sólida propuesta de cambios. No sólo en tanto enunciado general de buenas intenciones, sino que haciéndose cargo de la construcción de soluciones públicas y concretas.


El desafío actual para el PS parece ser principalmente de orden cognitivo. Un tiempo de reflexión puede ser mucho más efectivo políticamente que seguir haciendo lo acostumbrado e inercial.

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