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Un modelo de desarrollo económico para la izquierda por Claudio Santander Martínez

El modelo de la Formación de Riqueza Comunitaria aparece como una propuesta que no solo se nutre de la tradición socialista y democrática, sino que también abre una ventana para que la izquierda absorba ideas frescas y prácticas políticas exitosas.



La historia es la siguiente y sucede en Preston, en la región de Lancashire, noroeste de Inglaterra. El año es 2011. Las autoridades municipales tratan de estimular la economía local aplicando, una vez más, la misma fórmula que vienen repitiendo las últimas décadas: transformar el gobierno local en un instrumento «facilitador» que siente las bases de un entorno atractivo para la inversión, reúna emprendedores y siente en la misma mesa a sectores públicos y privados para generar alianzas que impulsen el desarrollo alicaído de la ciudad.


En ese entonces, el proyecto de un gran mall en el centro de la ciudad se presentaba como la solución a todos los problemas. A poco andar, sin embargo, se vino la crisis bancaria de 2011 y, con ella, el fin de la promesa de una inversión que rondaría los 700 millones de libras. La alcaldía de la ciudad vio cómo todos sus proyectos de inversión se iban al tacho de la basura.


Para los vecinos de Preston fue una verdadera tragedia. No solo se caía la construcción de un centro comercial, restaurantes y megacines. Se esfumaban, también, miles de fuentes laborales y volvía el fantasma del estancamiento económico, tan temido en el norte de Inglaterra desde las reformas de Thatcher.


No obstante, lo que parecía una historia más de un fracaso local terminó significando una fuente de oportunidades. Matthew Brown, concejal del Partido Laborista, de bajo perfil de la alcaldía, propuso materializar una serie de propuestas que venía estudiando hace años en su rol de Encargado de Pensiones y Seguridad Social.


Brown sugirió un giro en la manera de pensar las inversiones de la ciudad. Era algo simple pero novedoso. Primero, identificó instituciones locales arraigadas en la comunidad: hospitales públicos y centros de salud, institutos de educación, universidades y escuelas públicas… escarbó en sus libros de contabilidad y les propuso un cambio de cultura de inversiones y compras para que se abastecieran y contrataran servicios locales a través de pequeñas y medianas empresas familiares.


Con este simple cambio, 75 millones de libras que normalmente facturaban a empresas domiciliadas en Manchester o en Londres fueron a parar a la economía local.


Paralelamente, el consejo municipal adoptó medidas más radicales. Inspirados por el modelo de Cleveland en Ohio, Estados Unidos, e impulsados por Ted Howard, de Democracy Collaborative, comenzaron a apoyar la creación de cooperativas de trabajadores para satisfacer las necesidades del mercado local allí donde las organizaciones e instituciones de la ciudad tenían que salir a contratar y comprar fuera de Preston.


Brown pudo lograr, además, que el fondo de pensiones de la ciudad también invirtiera parte de sus fondos en proyectos locales y propició la formación de un banco municipal de desarrollo que comenzó a fortalecer financieramente a todo el entorno económico conformado por empresas familiares, cooperativas y medianas empresas.


Lo que comenzó a tomar cuerpo en Preston fue un modelo de desarrollo local municipal, que empezó a hacerse conocido bajo el nombre de Formación de Riqueza Comunitaria o Formación de Riqueza Local (Community Wealth Building) y que en 2018 catapultó a la ciudad de Preston como la ciudad con mejor estándar de vida en el Reino Unido.


Sí, la mejor. Si usted estaba pensando en qué ciudad del Reino Unido se reúnen las mejores condiciones para que sus hijos crezcan, esa ciudad no es Londres, Oxford u otra tranquila y próspera ciudad del sur de Inglaterra. Es la norteña Preston.


Tan importante fue el reconocimiento que empezó a tener el modelo, que pasó a formar parte del plan económico del Partido Laborista en la última elección nacional en el Reino Unido, que llevaba a Jeremy Corbyn como líder del partido. Un capítulo importante de lo que se conoció como Corbynomics tenía sus esperanzas puestas en el Modelo de Preston. Y fue esto lo que, a pesar de la derrota electoral de fines del 2019, hizo que la inmensa mayoría de los y las votantes laboristas, consultados después de la elección sobre las razones de la derrota, rescataran que la propuesta económica era tal vez uno de los pocos activos del laborismo al que debían aferrarse.


De la práctica a la teoría


El modelo económico también comenzó a ser objeto de una amplia discusión y elaboración académica. En enero de 2019 un grupo de economistas, filósofos y cientistas sociales, junto a políticos y miembros de la sociedad civil se reunieron en la Universidad de York para debatir sobre los fundamentos del modelo.


La experiencia en Preston, el interés y la elaboración intelectual que ha suscitado su gobierno local, es el origen de un hito más en esta historia: la publicación este 2020 de The Case for Community Wealth Building (Polity) [La Defensa de la Formación de Riqueza Comunitaria] escrito a dos manos por Joe Guinan y Martin O’Neill. Este libro es quizás lo mejor de este año en el género que reúne economía política, prácticas comunitarias exitosas y fundamentación filosófica y política.


Representa el primer esfuerzo por elaborar la teoría filosófica-política y la práctica económica-institucional del modelo económico local de ciudades como Preston en Inglaterra y Cleveland en Estados Unidos, pero que se conecta también con experiencias similares a la del municipio de Mondragón, en el País Vasco, o lo que han hecho ciudades como Barcelona, en Cataluña, y Boloña, en Italia.


En momentos en los que la izquierda a nivel mundial se bate por responder a la crisis del COVID-19 en particular y los orígenes económicos de la crisis ambiental en general, el modelo de la Formación de Riqueza Comunitaria aparece como una propuesta que no solo se nutre de la tradición socialista y democrática, sino que también abre una ventana para que la izquierda absorba ideas frescas y prácticas políticas exitosas.


El primer capítulo del libro explica el alcance de la definición de la Formación de Riqueza Comunitaria en tanto «una estrategia de desarrollo de la economía local enfocada en la construcción de economías locales colaborativas, inclusivas, sustentables y bajo control democrático». En concreto, esto implica una apropiación localista de las economías a través de una arquitectura institucional y política que incorpora cooperativas de trabajadores, instituciones financieras de desarrollo, estrategias locales para las instituciones y corporaciones de arraigo local, empresas municipales, familiares y comunitarias y bancos públicos. Guinan y O’Neill señalan que el modelo es «un cambio del sistema económico, pero que parte desde el nivel local».


Este primer capítulo también repasa la incipiente historia del modelo, que comienza en el 2005 en Cleveland, Estados Unidos. La historia de Cleveland fue similar a la de Preston. Junto con el proceso de desindustrialización, la fuga de capitales y la falta de inversión, Cleveland dependía de forma significativa de instituciones «ancladas» local y socialmente: Universidades, Escuelas, Servicios Públicos y Hospitales. Por ello creó una red de cooperativas verdes, que incluían una lavandería ambientalmente amigable y a escala industrial, un invernadero urbano y una compañía de energías renovables, haciendo posible que los 3 mil millones de dólares que gastaban estas instituciones anclas se redestinaran a la economía local.


En la segunda parte, el libro describe cómo y por qué el modelo de la Formación de Riqueza Comunitaria es digno de consideración. La armonía entre la historia, la argumentación teórica y las propuestas prácticas institucionales es una de las principales razones que hacen al libro de Guinan y O’Neill un texto de primera necesidad para repensar los modelos de desarrollo económico desde la izquierda.


El texto defiende una versión de lo que se conoce ampliamente como economía democrática. Esto, dicho brevemente, implica una resignificación de la consigna de la economía neoclásica y la política neoliberal que ve en la economía un simple problema abstracto de distribución de recursos escasos.


Por el contrario, la experiencia de Preston pone en práctica una visión teórica que entiende la relación entre demandas y escasez ante todo como un problema político. El argumento es que la demanda por recursos económicos depende significativamente de la manera como está distribuida la representación de los distintos actores políticos y sociales: trabajadores, empleados públicos, grandes corporaciones, empresarios, comunidades locales, gremios, etc.


La creación del valor, en la práctica, está anclada socialmente. La escasez de recursos que resulta de las asimetrías estructurales sociales no es, por lo tanto, un problema abstracto, sino uno de representación en la esfera política, y se resuelve con más democracia.


El segundo capítulo aborda las implicancias de democratizar el poder económico. La primera de estas y más evidente es la legitimidad. Si la riqueza se crea socialmente y es la sociedad la que recibe el impacto de la actividad económica, la legitimidad de las instituciones económicas es un deber que importa tomar en cuenta.


Esto inmediatamente cambia el foco: la legitimidad de instituciones económicas que sirven las necesidades reales y los intereses de la ciudadanía es más o tan importante como la legitimidad de instituciones diseñadas para realizar la distribución abstracta de recursos escasos. La defensa de la legitimidad de las instituciones que sirven a la economía familiar y local tiene el efecto, sostienen los autores, de «extender la democracia».


La eficiencia económica que buscan los municipios, incentivados por el foco en el balance y el costo de todo, pierde de vista el valor de las distintas actividades que están a la base de las economías locales, y la influencia y significado que estas actividades tienen para la vida local. El argumento central del libro busca que nos tomemos en serio la democracia: «necesitamos tener instituciones que les permitan a las comunidades formar sus economías locales, y ejercer control real sobre la forma en las que estas economías se van desarrollando en el tiempo».


El tercer y último capítulo aborda la forma en que el enfoque de la Creación de Riqueza Comunitaria puede convertirse en una alternativa política y económica para una sociedad posneoliberal. Y, sin saber lo que traería el 2020 (el libro se escribió en la última parte de 2019 y se publicó antes de febrero del 2020), la propuesta de Guinan y O’Neill también se presta para repensar la sociedad pospandemia.


Los autores elaboran una «teoría del cambio» anclada en el concepto de democracia económica y la priorización del trabajo por sobre el capital. Para avanzar desde la teoría del cambio a la práctica, proponen una serie de medidas concretas: el control público del sistema financiero, la democratización de las instituciones básicas de la vida económica, una planeación regional para la sostenibilidad de los recursos naturales, un cambio en la concepción de desarrollo económico, de los enfoques neoliberales de vivienda social y de la tierra, y una resignificación del modo de conceptualizar los «desbalances» macroeconómicos y locales.


***

En Latinoamérica, los últimos años hemos sido testigos de cómo los movimientos sociales han articulado sus demandas en la expectativa de un nuevo pacto social que reordene las relaciones de poder económico. La batalla es por la democratización de sociedades históricamente azotadas por una alta concentración de la riqueza en unas pocas manos junto a los índices más altos del mundo en pobreza y desigualdad social.


La propuesta de la Creación de Riqueza Comunitaria, a pesar de venir del Norte Global, hace un diagnóstico y propone una salida a los mismos problemas de desarrollo económico que padecen los pueblos del Sur. La historia sucede en Preston, en la región de Lancashire, noroeste de Inglaterra, pero puede continuar en cualquier otra parte.



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