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Un solo pueblo: Chile no te duermas nunca más por Michelle Partarrieu

Y al descubrir que no somos propietarios de esta realidad, reconocemos que podemos y debemos, como sujeto, con otros sujetos ayudar y acelerar las transformaciones. Cuando comenzamos a vernos con nuestros propios ojos, la apatía de las sociedades alienadas pasa a ser sustituida por esperanza.


Participar del proceso constituyente requiere no solo votar y definir contenidos de una Nueva Constitución, sino una estrategia colectiva que encierre objetivos políticos, medios y tiempos para alcanzarlos. Una estrategia que considere el proceso constituyente en su integridad, incidiendo desde el plebiscito del 25 de octubre 2020, elección de constituyentes el 11 de abril 2021 hasta el funcionamiento de la Convención Constitucional 2021 – 2022, cruzados con las elecciones presidenciales y parlamentarias de noviembre 2021.


Un escenario que no se visualiza al menos en el despliegue por parte de los actuales actores políticos, ni tampoco en la participación de gran parte de la ciudadanía. Mientras en el Congreso se aprueba levantar inhabilidades para alcaldes y parlamentarios de cara las próximas elecciones, afuera subsiste una sociedad que no está políticamente organizada y organizaciones sociales que carecen de organización política.


El pasado estallido social abrió un clima de esperanza cuando la sociedad chilena se vuelve sobre sí misma y se descubre inacabada, con un sinnúmero de tareas por cumplir. La nueva constitución es el próximo paso, transitar de la conciencia dominante transitivo-ingenua hacia una transitivo-crítica, aquella donde dejamos de ser meros espectadores del proceso, y nos transformamos en sujetos críticos y conscientes de nuestras contradicciones. Y al descubrir que no somos propietarios de esta realidad, reconocemos que podemos y debemos, como sujeto, con otros sujetos ayudar y acelerar las transformaciones. Cuando comenzamos a vernos con nuestros propios ojos, la apatía de las sociedades alienadas pasa a ser sustituida por esperanza.


Lo que está en juego en este proceso histórico no es menor, la participación implica una toma de conciencia que, por cierto, amenaza a las élites detentoras de privilegios: fin a la Constitución del 80, des-neoliberalizar el marco constitucional chileno, redistribuir el poder, construir una nueva democracia, alcanzar quiebres históricos posibles: plurinacionalidad, regionalización efectiva, hiperpresidencialismo, derechos sociales garantizados, fin de poderes contramayoritarios y emancipación de la soberanía popular, con un enfoque de género y respeto irrestricto al medio ambiente. Quienes defienden esta democracia sui generis sostendrán que es el pueblo el enfermo a quienes se les debe aplicar remedios. Y su enfermedad es precisamente tener voz y participación.


La tarea no es fácil; traspasar las barreras impuestas por un estado de emergencia por COVID-19, la desinformación y confusión a la que nos tienen acostumbrados/as las autoridades de turno. Grandes desafíos inmediatos; el Plebiscito 25-O con un voto Apruebo que medianamente lleva delantera, pero donde la derecha introduce mañosamente un “Apruebo continuista”, cuya disputa interpretativa la noche del plebiscito solo será similar a aquella del triunfo del NO. Pero tenemos un segundo voto por la Convención Constitucional, que no está ganado, de ello dependerá la conformación de listas constituyentes, consideraciones electorales, políticas, mínimos y máximos de un programa de cambio institucional, participación de independientes, escaños reservados, etc. etc.


La democracia que antes que forma política es forma de vida, se caracteriza sobre todo por la gran dosis de transitividad de conciencia en el comportamiento humano. Qué bueno sería ver un solo pueblo unido por una constitución moderna, una democracia participativa y un sistema económico que ponga en el centro de su quehacer al ser humano, la igualdad y la justicia social, sin dar tregua a los “teóricos de la crisis”, aquellos que se acomodaron en sus espacios de poder y hoy reviven como el ave fénix, asumiéndose como las “voces autorizadas” para representarnos. La responsabilidad es un hecho existencial y hoy tenemos la oportunidad para decidir y para participar responsablemente. Chile, no te duermas nunca más.

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