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En busca de Claudio Jimeno, asesor de Salvador Allende ejecutado por la dictadura

Actualizado: 2 ago

Cristóbal Jimeno, hijo del detenido desaparecido, hace pública por primera vez su historia familiar en el libro ‘La búsqueda’, coescrito con la periodista Daniela Mohor.


Cristóbal Jimeno tenía 12 años cuando se enteró de cómo había muerto su padre. Había sido 10 años atrás, sin que su madre fuese capaz de contarle lo ocurrido. En un campamento de verano, el adolescente cogió una revista abandonada en una habitación compartida para conciliar el sueño. Llegó a un reportaje sobre el 11 de septiembre de 1973, el día del golpe de Estado en Chile. Se devoró la historia que describía los bombardeos contra el palacio de gobierno, las negociaciones y los discursos, hasta que llegó a una escena en la que el presidente Salvador Allende convocaba a un pequeño grupo de personas para hacerles saber que podían abandonar La Moneda. Todos dijeron que no. El artículo ponía nombre y apellido a cada uno. Entre ellos estaba el sociólogo Claudio Jimeno, de 32 años. Uno de los 3.065 muertos y desaparecidos durante la dictadura de Pinochet. El padre de Cristóbal.


Para entender por qué su padre eligió morir, Cristóbal comenzó a entablar conversaciones imaginarias con él. Hablan de par a par. A veces, el hijo hace de padre. Lo cuestiona, lo mira como alguien irresponsable, lo interroga. Claudio le rebate todo con calma, aunque en ocasiones pierde la paciencia. Las conversaciones siempre acaban igual: “Hijo, si tienes tanta rabia, ¿por qué me sigues buscando?”.


El relato de la muerte de Claudio Jimeno, el dolor de la familia -dejó dos hijos-, y el extenuante proceso judicial que han vivido durante casi medio siglo es lo que narra el libro La búsqueda (Planeta, 2022), coescrito por Cristóbal Jimeno y su esposa, la periodista Daniela Mohor. Hasta ahora, habían mantenido la historia en el ámbito privado. “Pero hace seis años empezaron a ocurrir cosas que cambiaron mi percepción”, explica Jimeno, sentado junto a Mohor en el salón de su casa ubicado en el barrio alto de Santiago. Algunas fueron las alusiones a las torturas en marchas o el doble estándar de una clase política hacia las violaciones de derechos humanos en países de Latinoamérica. “Pero el detonante fue que dos ministros de Estado se refirieron muy despectivamente al Museo de la Memoria [que relata la dictadura a través de la experiencia de las víctimas]. Hablaron de montaje”, añade Cristóbal, abogado especialista en litigios.


Durante tres años y medio la pareja trabajó en el libro que intercala la vida personal de Jimeno con el “caso La Moneda”, como se conoce la causa judicial sobre el círculo final de Allende: los 23 asesores que fueron detenidos, torturados, asesinados, y hechos desaparecer por los golpistas. “Descubrimos muchas cosas. Yo sabía que mi padre tenía una buena relación con el presidente Allende, pero no que era tan cercano”, apunta Jimeno. Claudio, militante socialista, era miembro del equipo directivo del Centro de Estudios Nacionales de Opinión Pública (CENOP), un organismo que asesoraba “bajo completo sigilo” a Allende.


Mohor entrevistó a sobrevivientes de La Moneda que habían estado con Claudio, amigos, familiares, que también son los suyos. “Fue un proceso difícil porque tengo una buena relación. Da pena hacer una entrevista que los hace sufrir, en particular a mi suegra. En las primeras entrevistas volvía con dolor de estómago, de cabeza”, describe.


En la minuciosa descripción de los hechos, sin una agenda detrás, como señala el matrimonio, parte importante es lo que ha sucedido con el caso desde el retorno a la democracia. Los errores garrafales que ha cometido el Servicio Médico Legal (SML), la inoperancia del sistema judicial, el olvido de los políticos y los escasos hallazgos de la Comisión de la Verdad reconstruyen la dificultad que ha tenido la familia Jimeno para encontrar la verdad y hacer justicia, principalmente por el pacto de silencio de los culpables. “No es un hecho que ocurrió hace 50 años, es un hecho que viene ocurriendo desde hace 50 años”, remarca Jimeno.


“Hemos tenido que enfrentarnos a situaciones indignantes. Un ejemplo es que el SML entregó más de 100 cuerpos con identificación errónea, que es una locura”, sostiene el abogado. “Además no fue de conocimiento público durante 10 años. Solo se han encontrado a 307 de los 1.469 detenidos desaparecidos”, agrega Mohor.


Isabel Chadwick, la madre de Cristóbal, fue una de las personas que presentó el primer recurso de amparo en la dictadura, el 14 de septiembre de 1973. “Esa decisión que tomó mi madre, también la tomé: esto que nos pasó, no nos iba a botar”, responde Jimeno sobre de dónde han sacado las fuerzas para seguir batallando en los tribunales. “También quería tener una respuesta para cuando mis hijas crecieran y me preguntaran qué hicimos al respecto”, añade. “La rabia con la lentitud de los procesos, con los errores, yo creo que también es un motor para seguir investigando, buscando justicia”, afirma Mohor.


Al matrimonio le hubiese gustado escribir el libro una vez conocido el fallo de la Corte Suprema. “Pero 49 años de tramitación es suficiente”. asegura Jimeno. Ahora queda esperar la vista en la Suprema sobre los recursos que interpusieron los militares, condenados por homicidio y otros por secuestro y homicidio. “La búsqueda continúa”, aclara. Y recuerda que la ministra Amanda Valdovinos, responsable del equipo que encontró los dos únicos restos que han aparecido de Claudio, tenía la sospecha de que había un segundo entierro en esa zona antes de que frenaran las pesquisas. El hijo de Claudio Jimeno advierte:“Mi decisión es no parar hasta saber toda la verdad”.



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