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¿Hay cambio de estrategia frente a la pandemia?

Si bien se han tomado algunas medidas recomendadas por los expertos como las cuarentenas masivas, éstas tienen un bajo acatamiento y un peligroso rezago en regiones. Tampoco se observa la construcción de un poderoso y efectivo sistema que articule diagnóstico, aislamiento y trazabilidad de los contagios. A este cuadro se suma la reiteración patológica del exitismo.



Transcurridas más de dos semanas desde que asumiera el nuevo ministro de Salud, Enrique Paris, resulta pertinente preguntarse si se observa una nueva estrategia sanitaria. Si bien el nuevo ministro tiene un talante más dialogante y menos confrontacional que su antecesor -convengamos que la vara estaba baja-, lo relevante es si existe o no una nueva estrategia y si ésta dialoga y está respaldada por una propuesta económica-social que le de sustentabilidad y la viabilice. La estrategia sanitaria y la económica-social siempre han sido una sola.


Chile entró a la categoría de países donde no se actuó tempranamente y la pandemia salió de control. Estos países, a su vez, se dividen entre aquellos que adoptaron la estrategia sanitaria y económica-social correcta aunque tardía y han comenzado a superar la pandemia con un alto costo en vidas humanas (España, Italia), y aquellos que siguen a la deriva en términos de definir una estrategia y donde no se observa un horizonte de salida (Brasil, Estados Unidos). Ya sabemos que alcanzar el peak de la pandemia no significa un automático descenso y si las medidas adecuadas no se adoptan o éstas carecen por alguna razón de eficacia, se puede dar el peor escenario: un peak prolongado en el tiempo o transformado en meseta.


Ya sabemos que alcanzar el peak de la pandemia no significa un automático descenso y si las medidas adecuadas no se adoptan o éstas carecen por alguna razón de eficacia, se puede dar el peor escenario: un peak prolongado en el tiempo o transformado en meseta.


Dilucidar si hay una nueva estrategia implica entender primero cuál ha sido la seguida por Chile. Ello no es obvio porque ésta ha sido errática y opaca (el enigmático “castillo de naipe” que un día se desmoronó). La estrategia chilena no ha tenido la retórica negacionista de Trump o Bolsonaro, pero en la fase Mañalich todo indica que el modo desaprensivo y tardío de las medidas sanitarias adoptadas -prematuros anuncios de “nueva normalidad” incluidos- obedecía a una idea de que el contagio masivo era inevitable y a la larga benéfico por la “inmunidad de rebaño”. Solo había que cuidar que éste fuera paulatino para no colapsar el sistema sanitario. 


El otro aspecto, quizás el más determinante de la estrategia chilena, ha sido la subordinación de lo sanitario a lo económico: eran más baratas las “cuarentenas dinámicas” o financiar un masivo sistema de diagnóstico, aislamiento y trazabilidad. La estrategia seguida era muy funcional a un empresariado que no quería que la economía se detuviera ni tener que meterse la mano en el bolsillo para financiar una costosa estrategia sanitaria. Ya sabemos el resultado: hoy Chile es uno de los países donde la pandemia ha golpeado más duramente y puede llegar a ostentar el triste récord de ser uno de los peores casos en el mundo. A su vez, la no resolución de la crisis sanitaria no ha hecho sino prolongar y profundizar la crisis económica. 


La estrategia seguida era muy funcional a un empresariado que no quería que la economía se detuviera ni tener que meterse la mano en el bolsillo para financiar una costosa estrategia sanitaria. Ya sabemos el resultado: hoy Chile es uno de los países donde la pandemia ha golpeado más duramente y puede llegar a ostentar el triste récord de ser uno de los peores casos en el mundo.


Por tanto, los problemas de Chile hoy son los de un país en que la pandemia se descontroló y avanza con su parsimonia letal y su “pedagogía cruel” por todo el territorio, dejando al descubierto las precariedades y desigualdades sociales que lo caracterizan. Lamentablemente a diferencia de aquellos países desarrollados que no actuaron a tiempo pero que rectificaron, Chile tiene un sistema sanitario y de protección social mucho más débil. Sus ciudades son más segregadas y hacinadas, y su mercado laboral más informal y precario. Arrastra, además, una crisis de confianza en las autoridades e instituciones que hace muy difícil la existencia de un liderazgo sanitario y político creíble como el que se requeriría ante una crisis de estas dimensiones.


¿Existe hoy una nueva estrategia? Hasta ahora no. Si bien se han tomado algunas medidas recomendadas por los expertos como las cuarentenas masivas, éstas tienen un bajo acatamiento y un peligroso rezago en regiones. Tampoco se observa la construcción de un poderoso y efectivo sistema que articule diagnóstico, aislamiento y trazabilidad de los contagios. Algunos anuncios y mucho matinal en TV, pero lejos de lo que el Colegio Médico ha llamado un Plan Nacional de Trazabilidad. No se ve un apoyo en esa dirección al sistema de Atención de Salud Primaria, a los municipios y a la sociedad civil, cuestión decisiva para hacer retroceder y derrotar la pandemia. 


A su vez, no se termina de asumir que para viabilizar la estrategia sanitaria se requiere un esfuerzo económico-social superior. Lo que tenemos hoy es un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) bajo la línea de pobreza y que cubrirá, en el mejor de los casos, a un tercio de las familias; monto y cobertura que no resuelve la sobrevivencia económica de la mayoría de las familias y obliga a las personas a salir a buscar el sustento diario. Otro tanto se puede decir de la negativa del Gobierno a precisar y limitar los llamados trabajos esenciales, y a legislar para evitar el corte de servicios esenciales o sobre la extensión del posnatal. Frente a estos últimos proyectos la actitud del Gobierno, en una deriva autoritaria, ha sido, en lugar de acoger o dialogar, intentar limitar las iniciativas y atribuciones del Congreso.


A su vez, no se termina de asumir que para viabilizar la estrategia sanitaria se requiere un esfuerzo económico-social superior. Lo que tenemos hoy es un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) bajo la línea de pobreza y que cubrirá, en el mejor de los casos, a un tercio de las familias; monto y cobertura que no resuelve la sobrevivencia económica de la mayoría de las familias y obliga a las personas a salir a buscar el sustento diario.


A este cuadro se suma la reiteración patológica del exitismo. Cuando la cifra de fallecidos se eleva a 9.000 y la tasa de contagios se acerca a los 300 mil, se deja caer la frase “leve mejoría” (la OMS dice en los mismos días exactamente lo contrario y la OPS acaba de proyectar para mediados de julio el peak). Lo hace el nuevo ministro de Salud comprometiendo su precaria credibilidad. Cuando la ciudadanía más requiere reconstruir confianzas en la autoridad, se insiste en jugar a esconder o maquillar la realidad. 


La gestión del nuevo ministro de Salud termina su periodo de gracia. Comienza la cuenta regresiva. En un cierto gesto de audacia, el ministro Paris tomó distancia de Piñera y su polémica visita a una botillería. Hace rato que el presidente es parte principal del problema, no sólo por sus conductas sino por sus decisiones. Lo fundamental sigue siendo si habrá o no cambio de estrategia. Es bastante sabido que el ministro Paris no es parte de la nomenclatura de Chile Vamos y que tiene poco peso político dentro del Gobierno. La pregunta es si tendrá la convicción y la fuerza para subordinar los intereses económicos a la estrategia sanitaria. En definitiva, si lo suyo será una mera continuidad remozada o una efectiva nueva estrategia y liderazgo frente a la pandemia. Por ahora las señales siguen siendo más de continuidad que de cambio.


Lo fundamental sigue siendo si habrá o no cambio de estrategia. Es bastante sabido que el ministro Paris no es parte de la nomenclatura de Chile Vamos y que tiene poco peso político dentro del Gobierno. La pregunta es si tendrá la convicción y la fuerza para subordinar los intereses económicos a la estrategia sanitaria.


Por Ernesto Águila

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